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¡Confía! ¡Dios hará algo nuevo en ti y contigo!

Un camino nuevo... en el desierto!
Un camino nuevo… en el desierto!

«Yo, ____________________, puedo confiar en la soberanía de Dios para mi renovación y restauración, pues fui creado para Su gloria, para publicar Su alabanza.»

Tal cita es una síntesis del capítulo 43 de las profecías en Isaías.  Te invito a “escribir” tu propio nombre en la línea punteada, y te propongo que confiemos en Dios para cumplir Su propósito para nuestra vida en el año nuevo y los años por venir, ¡para Su gloria!  Así que, rediseña y ¡confía!

¿Qué hemos vivido hasta ahora?  Pruebas, angustias, fracasos, debilidades y pecados personales, ansiedades, enfermedades, accidentes, malhechores, enemigos y otros pudieron habernos afectado en el plan de Dios para nuestra vida.  Aún el haber alcanzado éxitos, logros y metas sin glorificar a Dios se convirtieron en distracciones de nuestra misión en esta tierra.  Seguimos aquí porque Dios es Dios y Él nos ama. Él seguirá tomando iniciativa en buscarnos (I Juan 4.19) para “algo nuevo” conforme a Su palabra (2 Timoteo 3.14-17).  Así que corrige y ¡confía!

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Discipulado 107

Sigamos juntos a Jesucristo

7ª Condición: Seguir decididamente a Jesucristo.

“Entonces Jesús dijo a sus discípulos:
Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo,
tome su cruz
Y SÍGAME.”
Mateo 16:24

¿Cuál fue la principal característica de la vida del Señor Jesucristo? Fue una vida de obediencia a la voluntad de Dios. Fue una vida llena de celo, mansedumbre, bondad, fidelidad y devoción. Los seguidores de Jesucristo debemos mostrar el fruto de nuestra semejanza con Él. Afirmar que “yo soy un discípulo de Jesucristo” debería acompañarse de una auto-evaluación con respecto a cómo Él anduvo (1 Jn 2:6).

En 1 Juan observamos lo que prueba la autenticidad de nuestra relación con Cristo:

  • 2:3-6 La meta de un discípulo es conocer muy bien a su maestro. La prueba de que lo ha logrado es cuánto le obedece e imita.
  • 3:21-22 Lo que pidamos lo recibimos de Él, como resultado de hacer lo que le agrada. Esto reafirma la seguridad de que Dios honra a los discípulos fieles.
  • 3:24 Guardando sus mandamientos evidenciamos nuestra permanencia en Él.
    5:3 Amar a Dios consiste en guardar sus mandamientos.

Si vamos en pos de Cristo:

  • Él nos hará pescadores de hombres. (Mt. 4:19, Mr. 1:17)
  • Seremos dignos de Él. (Mt. 10:38)
  • Seremos Sus discípulos. (Lc. 14:27)

Un seguidor de Jesucristo ha de tener mucho que modelar: paz, seguridad, paciencia, compasión, alegría, satisfacción… ¿Por qué muchas veces no reflejamos esas virtudes, si se supone que Cristo las está forjando en cada uno de sus discípulos? ¿Qué tres cosas prácticas y evidentes podemos o debemos hacer para que nuestros familiares y amigos consideren que vale la pena seguir a Jesús?

Discipulado 105

oreja horadada
Al “esclavo de amor” le horadaban la oreja contra el marco de la puerta de la casa de su amo

5ª Condición: Negarse a uno mismo.

“Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, NIÉGUESE A SÍ MISMO…”
Mateo 16:24

La negación del yo no es lo mismo que la abnegación personal. Esto último significa “Sacrificio que alguien hace de su voluntad, de sus afectos o de sus intereses, generalmente por motivos religiosos o por altruismo.” (Diccionario de la Lengua Española). Se aplica incluso al hecho de privarse de algunas comidas, placeres o posesiones. La negación del yo, sin embargo, es una sumisión tan completa al Señorío de Cristo, que “el yo” escoge quedarse sin derechos ni autoridad alguna. Significa que el yo abdica al trono… y Jesucristo ocupa su lugar. Cedemos, de esa manera, a nuestra voluntad, y damos paso a la de Él. Fue así como un amigo pastor, en uno de los momentos más difíciles de su vida, reconoció que “la voluntad de Dios y mi felicidad son una misma cosa”.

Nótese cuantas veces aparece en el N. T. la declaración “El que pierde su vida por causa de mí, la hallará.”: Mt. 10:39, 16:25; Mr. 8:35; Lc. 9:24, 17:33; Jn. 12:25. Sin lugar a dudas que una vida guardada para sí es una vida perdida. Entregarla por Cristo, sin embargo, es encontrarla, gozarla, y guardarla para la eternidad. Ser un cristiano mediocre solamente asegura una existencia miserable. Estar enteramente consagrado a Cristo es el camino más seguro para llegar a gozar de lo mejor de Él. Ser un verdadero discípulo es ser un esclavo de Jesucristo y encontrar en su servicio perfecta libertad. Hay libertad en los pasos de todo aquel que se convierte en Su “esclavo de amor”. (Compara la foto con lo que dice Exodo 21:5-6 y Deuteronomio 15:16-17)

Es saludable hacer notar que con una exigencia tan alta como la de esta condición, el Señor honra y respeta nuestra voluntad y decisión: “Si alguno QUIERE…” Este es el espíritu de la libertad en Cristo. ¿Quieres tú ser discípulo de Jesucristo? Pues considera el precio a pagar y decide “si quieres”. El Señor Jesús nunca trató de engañar a los hombres para que hicieran una profesión de fe de labios. Tampoco, en su humildad como Dios-Hombre, trató de conseguir una gran cantidad de seguidores predicando un mensaje popular. En realidad, cuando vio que la gente empezó a acumularse en pos de Él, se volvió y les hizo pasar por el cedazo presentándoles las condiciones más duras para seguirlo.

Pensemos, ¿qué o quién nos puede impulsar a negarnos a nosotros mismos para dar prioridad a Jesucristo? ¿qué iniciativas has tomado tú en el pasado y que te han motivado a dar un lugar preferente a las cosas de Dios?

Aunque camine en la oscuridad

Padre que estás en los Cielos: Te doy gracias por crearme, por mis seres amados, por darme la fe para creer en tu sacrificio. Por mis fatigas y por mis fuerzas. Por mis fracasos y por mis triunfos, por mis pérdidas y por mis ganancias, por lo vivido y lo no vivido. Por siempre contestar mis oraciones. Por mi actual estado físico y por el futuro. Por este día y por los que me des. Por lo agradable y lo desagradable. Por mis pastores, por tu Palabra, por tu iglesia y por tu Espíritu en mí. Pero sobre todo esto, por Tu inmenso amor y porque un día estaré en Tu misma presencia para adorarte por la eternidad.

Consciente de mi maldad y mí insuficiente devoción a Ti, te pido que aumentes mi fe, que tengas misericordia de mi y sanes mi cuerpo y mi alma de todo mal, que me ayudes a terminar lo que me has encargado y proveas para nuestro sustento y para ser de bendición a otros, que me libres del mal que me rodea y ensanches mi prestigio en esta tierra, para que viva delante de los hombres adorándote y sirviéndote. Corrige en mí lo equivocado y Te alabaré con un recto corazón. Ante ti y por ti, me someto a Tu voluntad con gratitud y reverencia y me abandono a ella hoy y los días que Tú me des. Amén.

Uno de mis mejores amigos compartió conmigo esa oración, su oración de este día. Me uno a ella.

Hace un días, después de una jornada de oración, el Señor me despertó en la madrugada poniéndome a buscar una Palabra para mí en Isaías 50. De entrada me cautivaron los versículos 7 al 11, pero sin comprenderlos. Un día después el Señor me hizo concentrar en el versículo 10 (y me recordó que otras veces me ha pedido lo mismo con los Salmos 7:8, 26:1-3 y 139:23-24). Desde entonces he estado al pendiente de un rayo de luz, de aprender a depender de Dios en la ya prolongada prueba con el asunto de las puertas. Ayer martes hubo un destello, pero hoy miércoles, este amigo, sin saberlo, me estaba mostrando un gran rayo de luz en medio de la oscuridad. 🙂

Tocando puertas

Cuando toques a una puerta, ten presente que:

  1. El Portero es quien abre la puerta.
  2. El Portero es quien cierra la puerta.
  3. El Portero es quien vuelve a abrir la puerta.

De tanto tocar puertas… he podido notar que…

  • Identificar una puerta cerrada podría ser fácil.
    (Me lo dices a mí.)
  • Una puerta cerrada no necesariamente permanecerá cerrada para siempre.
    (¡Menos mal!)
  • Identificar la puerta que debo llamar o cruzar es más dificil.
    (¿Dónde está el Portero?)
  • Una puerta abierta no lo está necesariamente para que entremos por ella inmediatamente.
    (Já! ¿y entonces?)
  • Entonces, no es suficiente que la puerta esté abierta… alguien debe estar dentro, diciéndote “bienvenido/a”.
    (¡Necesito hablar con el Porteroooooooo!)

La inter-comunicación con el Portero es más fácil cuando alguien, en reverente temor, decide con una fe creciente someterse a la soberanía del Portero. ¡Es Él quien tiene la lleve de La Puerta!

La puerta que finalmente debo cruzar
no se abre por fuera…
lo bueno es que, ¡está permitido tocar!

Lucas 11:5-10

(toc-toc)

Advertencia:
Si la puerta, por más que toques, no se abre… ¡No la fuerces!

Basado en Hechos 16:6-10 (Comparar con 1 Corintios 16:9, 2 Corintios 2:12), las puertas cerradas y la puerta abierta: Frigia => Galacia => ASIA => Misia => BITINIA => Troas (Samotracia, Neápolis) => Filipos, la ciudad más importante de MACEDONIA

PD: (Enero 2014)
Si alguna vez, en lugar de estar tocando puertas para ti, ves que a otra persona se le cierran, ora por ellas conforme a la voluntad del Portero:

3Oren también por nosotros, para que el Señor nos abra las puertas y prediquemos la palabra, para que demos a conocer el misterio de Cristo, por el cual también estoy preso. 4Oren para que pueda proclamarlo como debo hacerlo. (Colosenses 4:3-4 RVC)

PD: (Enero 2017)
Recomiendo revisar semanalmente estas bolsas de empleo:
1. World Vision International
2. ASJ- Asociación por una Sociedad Más Justa, Honduras

Esperando la voluntad de Dios

Recientemente escribía sobre cómo tomar buenas decisiones… principios que han sido de mucho beneficio en mi propia vida y que he visto como han bendecido a muchos. Interesado siempre en el tema me encontré este artículo en el site de mis amigos de la BBN. Hice esta copia para mi diario:

¿Cómo puede un cristiano saber la voluntad de Dios para su vida? Todo cristiano debería estar intensamente interesado en saber la voluntad de Dios para su vida. Si el Plan del Señor no es conocido y obedecido, entonces nuestras vidas están malgastadas, y perderemos el “bien hecho” del Maestro. Las Escrituras son enfáticas en enseñar que Dios revela Su voluntad a aquellos que desean conocerla (Juan 7:17). Es un privilegio que debería ser la experiencia normal de todo creyente (Romanos 12:2).

Ya sea que alguien busque guía para un problema momentáneo o para el curso de la vida, hay 5 pasos para seguir. Pueden ser resumidos de la siguiente manera: RENDIRSE, CONFESAR, ORAR, ESTUDIAR, ESPERAR.

RENDIRSE: Rendirse es presentarse uno mismo al Señor. Significa dejar a un lado esperanzas personales, ambiciones y deseos; es querer por sobre todo Su voluntad. Pablo se rindió cuando él preguntó: “¿Qué quieres que haga?” Isaías se rindió cuando dijo: “Heme aquí; envíame a mí.” Amasías se rindió cuando “voluntariamente se ofreció a sí mismo al Señor.” (II Crónicas 17:16)

CONFESAR: Si queremos estar en el centro de Su voluntad, debemos confesar y abandonar cualquier pecado secreto. Recuerda las palabras del salmista: “Si en mi corazón hubiese yo mirado a la iniquidad, el Señor no me habría escuchado” (Salmos 66:18). También deberíamos confesar nuestra propia incapacidad e inhabilidad, y depender de Su poder (Salmos 139:23-24). También deberíamos confesar a Cristo delante de los hombres (Hechos 1:8).

ORAR: Esto simplemente significa que debemos venir delante del Señor regularmente, pidiendo Su dirección. Deberíamos suplicar Su promesa de guiarnos, pidiéndole que haga conforme a lo que ha dicho. Nuestras oraciones deberían tener Su gloria como nuestra máxima meta. (Colosenses 1:9; 4:12)

ESTUDIAR: Pasar mucho tiempo en la Palabra de Dios. Léela mientras estás de rodillas pidiéndole a Dios que te hable a través de ella. Léela lentamente. Léela plenamente. Léela con expectativa. (II Timoteo 2:15)

ESPERAR: Si Dios no responde inmediatamente, espera (Salmos 62:6). Si has pedido la dirección de Dios y no llega la respuesta, entonces la guía de Dios para ti es que permanezcas donde estás. Si realmente estás confiando en el Señor, no estarás en un apuro. “El que creyere, no se apresure” (Isaías 28:16). Dios nos revela Su voluntad en diferentes maneras, puede usar una, o una combinación de los siguientes métodos:

1. Guía a través de la Biblia. Las Escrituras nos dan dirección en dos maneras. Primero de todo, ellas definitivamente prohíben ciertos cursos de acción. Por ejemplo, si un cristiano está orando por guía mientras intenta casarse con una joven no creyente, él puede encontrar la respuesta de Dios en II Corintios 6:14. Por otro lado, Dios a menudo usa otros versículos de la Escritura para guiarnos para tomar un definitivo curso de acción. Un versículo que nunca habías notado antes puede tomar un nuevo significado porque te dice lo que tienes que hacer al mismo tiempo que estás orando por dirección (Salmos 119:105).

2. Guía a través de otros cristianos. A veces ayuda buscar el consejo de cristianos maduros y espirituales. Sus experiencias y consejos pueden a menudo salvar una persona más joven de serias caídas (Hebreos 13:7-17).

3. Guía a través de las circunstancias. Puesto que Dios controla el Universo entero, Él puede planear, y a menudo lo hace, las circunstancias de nuestras vidas para revelar su voluntad. Una carta, un e-mail, un mensaje oído en la radio o Internet puede llegar al justo momento con la justa información necesitada para marcar el rumbo.

4. Guía a través del Espíritu Santo. El Espíritu de Dios puede influenciar nuestras convicciones, nuestros deseos o nuestras inclinaciones de tal manera de hacer clara la voluntad de Dios. En tales casos, la guía es tan obvia que oponerse sería lo mismo que desobediencia (Hechos 11:12; 16:6-7).

5. Una palabra adicional. Cuando Dios da luz, camina en ella (Hechos 26:19). La guía debe ser obedecida para tener continuidad. Obediencia es la base de una vida de verdadera felicidad y valores perdurables.

Motivos de oración

  1. Gratitud continua en nuestros corazones.
  2. Tener un motivo fresco por el cual adorar a nuestro Padre Celestial.
  3. Nuestro deseo de ser imitadores de Jesucristo.
  4. Por saber pronto la Voluntad de Dios en eso que hemos estado pidiendo y esperando.
  5. Por decidir sabiamente y elegir inteligentemente.
  6. Por humildad para hacer la obra de Dios, no en nuestras fuerzas sino en el poder de Su Espíritu Santo.
  7. Por una sólida victoria sobre las acechanzas del enemigo, y consecuentemente trayendo cada día más y mayor gloria a Dios por el fruto espiritual que podamos llevarle con nuestras vidas.