Archivo de la etiqueta: Testimonio

Adoptando una estrategia apologética (Parte 1)

apologetica

La apologética es la defensa de la fe bíblica y cristiana. La palabra “apologética”, según el diccionario, viene del griego ἀπολογητικός, la cual, nos dice el Dr. Neal Hegeman, analizamos así: apo (todo), logos (palabra), legein (contar, declarar), y de alli esencialmente proponemos que la apologética cristiana es hablar por Dios según lo que Dios ha revelado de sí mismo.

Bíblicamente hablando, la apologética es “estad siempre preparados para presentar defensa (apología) con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros” (1 Pedro 3.15). Uno debe estar seguro, absolutamente seguro, de que la fe cristiana es la fe verdadera, para vivir y morir diariamente por ella (Comparar 1 Corintios 15.31 con Romanos 12.1, 14.7-8, 2 Corintios 4.11, 7.3, Filipenses 1.21, 2 Timoteo 3.12). Eso es esencial en la apologética cristiana. Pero, ¿acaso eso no es fanatismo? No, porque el cristianismo nos habla de ser testigos (mártires) no fanáticos. La diferencia es que un testigo muere para proteger a todos, incluyendo a los que no están a su favor, mientras que un fanático, si acaso, muere para matar a los que se le oponen. De ahí que el más grande martirio ocurrido en la historia humana es el del Señor Jesucristo, Él, siendo Dios y un hombre perfecto, murió para perdonar a los culpables. El Cordero de Dios y su sacrificio es el centro de la apología cristiana. Sin el sacrificio de Jesús en la cruz no hay buena noticia para los pecadores que necesitan ser perdonados. Él tomó nuestro lugar en la cruz para que pudiéramos ser perdonados y para que pudiéramos contar a otros cómo se pueden ser salvos para servirle dando testimonio y apología ante otros, es decir, hablando por Dios según lo que Dios ha revelado de sí mismo…

¡Predica La Palabra!

Tú anuncia el mensaje de Dios en todo momento. Anúncialo, aunque ese momento no parezca ser el mejor. Muéstrale a la gente sus errores, corrígela y anímala; instrúyela con mucha paciencia. 2 Timoteo 4:2 TLA

Cuando era muy joven llegué a poner en duda la confiabilidad de Las Escrituras. He mencionado antes un poco acerca de esa actitud, cuando daba testimonio de mi conversión al cristianismo (lo digo así porque aunque fui criado y educado en contextos tanto católicos como evangélicos, era practicante de la New Age y particularmente seguidor de las filosofías orientales). Por supuesto mi historia ahora es diferente. Después de haber sido persuadido que La Biblia es la Palabra de Dios, los textos que me fueron mostrados me hicieron entender que la salvación es por gracia de Dios y entonces acepté con fe en Jesucristo el regalo de la salvación. Desde aquel entonces fui muy determinado a indagar acerca de lo que hoy conocemos como los hechos esenciales que trata la Bibliología. Desde muy temprano en mi vida cristiana he tenido por pasión el estudio y la enseñanza de Las Sagradas Escrituras. Aun cuanto me hace falta muchísimo por aprender, he experimentado que el Espíritu Santo y las Sagradas Escrituras son el binomio perfecto para respaldar nuestro crecimiento en ciencia, madurez y poder… crecimiento que a la vez por pura gracia y misericordia nos conduce a predicar La Palabra, en mi caso particular no solo desde las oportunidades para servir en la iglesia, sino también desde nuestro trabajo en la Sociedad Bíblica de Honduras y en la Universidad Cristiana de Honduras.

Puesto que La Palabra trae influencia a tu vida, te animo a que des testimonio de ello, contándole a otros lo que aprendes, para gloria de Dios.

Hazme un instrumento

Mary-Jones

Esta es la historia de una niña cuyo afán por tener una Biblia motivó a que se fundara en Londres hace más de 200 años la Sociedad Bíblica Británica y Extranjera. Gracias a ese esfuerzo, hoy en tu país hay una Sociedad Bíblica y tú puedes tener una Biblia.Hacia finales del siglo XVIII, escondida entre las montañas de Gales, Gran Bretaña, había una pequeña cabaña en la que vivía la niña María Jones. Los padres de María eran gente trabajadora. Su papá tejía hermosas telas para vender en el mercado. Su mamá se ocupaba de los quehaceres del hogar. Los domingos, María y sus padres iban a la iglesia.

A María le gustaba cantar los himnos; pero cuando el pastor predicaba era difícil para ella comprender los mensajes. Cuando escuchaba al pastor leer la Biblia, deseaba saber más de la Palabra de Dios. Entonces nació en su corazón el deseo de tener una Biblia propia.

En aquel tiempo las Biblias eran muy escasas, y algunas iglesias tenían un solo ejemplar encadenado al púlpito. En el hogar de María no había Biblia, y aunque la hubieran tenido, ella no sabía leer. Pero cuando se abrió una escuela cerca de su casa, su papá le dio permiso para que ella asistiera. El buen maestro Juan Ellis les enseñó a los niños a leer y a escribir. Cuando aprendió a leer, María caminaba todos los sábados más de tres kilómetros hasta la casa de la señora Evans, la esposa de un campesino rico que poseía una Biblia, para leerla. Pero más que nada, María quería tener una Biblia propia.

María comenzó a trabajar para juntar el dinero necesario para comprar su Biblia. Ayudaba a los vecinos con la limpieza y el cuidado de los niños, apacentaba vacas, vendía los huevos de dos gallinas que le había dado su mamá, cargaba agua del pozo, remendaba ropa. María hacía cualquier cosa para ganar unos centavitos. Después de seis largos años de trabajar y ahorrar, María tuvo lo suficiente para comprar una Biblia, que en esa época era muy costosa. ¡Qué emoción debe haber sentido al saber que pronto tendría su propia Biblia!

Como no se vendían Biblias en el pueblo, María debió ir a Bala, que quedaba a cuarenta kilómetros de su casa. Tuvo que caminar sola esa distancia, ¡y descalza! pues no quería gastar su único par de zapatos, pero lo hizo con alegría para conseguir su Biblia. Al llegar a casa del pastor Carlos, que vendía Biblias, recibió la triste noticia: “¡Ya no quedan más!” María lloró desconsolada al oírlo. ¿Sería que se había esforzado en vano durante tantos años?

Al ver a María llorando amargamente, el pastor Carlos se conmovió. —Hijita –le dijo–, no te puedo negar una Biblia. Un amigo mío tiene una Biblia que ha dejado en mi estante. Voy a pedirle permiso para vendértela. ¡Imagina el gozo que sintió María al tener la Biblia en sus manos! Una Biblia propia y en su propio idioma. ¡Sin duda fue saltando de alegría todo el camino de regreso a casa!

El pastor Carlos no pudo olvidar a la joven que había trabajado durante seis años y había caminado tanto para conseguir una Biblia en su idioma. Entonces le surgió el deseo de que todos los niños, jóvenes y adultos tuvieran también una Biblia. Con la ayuda de otras personas que tenían el mismo anhelo, en 1804 fundó en Londres la Sociedad Bíblica Británica y Extranjera.

Ahora María está en el cielo. Ya hace doscientos años desde que ella trabajó diligentemente para comprar su Biblia. María fue un instrumento de Dios para que muchas personas, en distintos países del mundo, puedan tener la Biblia en su propio idioma. Tú también puedes ser un instrumento en las manos de Dios. Pídele con corazón sincero: “Hazme un instrumento.”

Tomado de LaBibliaWeb.org,
Sitio oficial de las Sociedades Bíblicas Unidas en las Américas y España.