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Perdonado

Hoy 19 de Septiembre es mi cumpleaños espiritual. Hace 31 años una amiga desbarató todos los argumentos que yo tenía contra la credibilidad de las Sagradas Escrituras. El Espíritu Santo abrió mis ojos para ver, en la Biblia, la realidad sobre la muerte y la Vida (Hebreos 9:27-28).  Ese mismo día, el Padre me hizo apto para participar de la herencia de los santos en luz; el cual me ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo, en quien tengo redención por su sangre, el perdón de mis pecados (Colosenses 1:13-14).

O murmuras, ¡o das gracias!

Gracias
Dios mío,
yo siempre te daré gracias
por todo lo que has hecho;
en ti pondré mi confianza
porque tú eres bueno.
¡Pongo por testigo
al pueblo que te ama!
Salmos 52.9 TLA

Mi abuela decía: “Siempre pidan las cosas ‘por favor’… cuando reciban el favor, siempre digan ‘gracias’.” Mi madre, por su lado, nos hacía poner atención: “la persona agradecida siempre estará contenta”. Bueno, es mi turno… “O murmuras, o das gracias, pero no puedes hacer las dos cosas al mismo tiempo.” Mis hijos me han escuchado decirlo muchas veces. En tiempos de “vacas flacas” han aprendido a no reclamar, y aún en tiempos de vacas de cualquier peso, están aprendiendo esa melodía que tanto me encanta: “Gracias Pa.”

Doy tantas gracias a Dios por rodearme de una familia con quien aprender a ser y estar agradecidos. Este año el mayor (15) de mis hijos da gracias por su incorporación al grupo musical de nuestra iglesia. El segundo (12) por su graduación de la Escuela Primaria; el menor (10), porque a partir de este sus cumpleaños serán de dos dígitos. Mi esposa y yo agradecemos mi incorporación a la Sociedad Bíblica de Honduras. Para celebrar, hoy cenaremos pavo. En familia y con amigos continuaremos sacando la lista de acciones de gracias. Estoy esperando el momento para decir: “¡Gracias por todo, Señor. Gloria solamente a Ti!”

Te animo a dar gracias. En medio de tantos problemas y necesidades, tanto personales y familiares como alrededor nuestro, al dejar de murmurar y en su lugar agradecer, Dios comienza a actuar. Es sencillo: El es bueno. Somos nosotros quienes necesitamos aprender a confiar en El. Pongámonos unos a otros como testigos de su bondad, y a la vez de nuestra propia gratitud. ¿Cómo? Recibes, agradeces, compartes

Adoptando una estrategia apologética (Parte 2)

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En sus apuntes, el Dr. Neal Hegeman citó esta interrogante que han hechos algunos y que consideramos para continuar la segunda parte de este tema. “¿Es verdad que no todos los cristianos están dispuestos a defender La Verdad con todo su ser?” Pues creemos que hay algunas razones por las que un testimonio puede ser débil al momento de defender La Verdad:

  1. Por no ser cristiano, genuinamente convertido.
  2. Por no estar convencido de que la verdad es absolutamente cierta.
  3. Por no conocer la verdad y estar equivocados.
  4. Por no obedecer la gran comisión.

“No testifican porque no son cristianos” sólo puede ser resuelto cuando se nace de nuevo espiritualmente. Todos somos criaturas de Dios, pero un hijo de Dios según Juan 1.12 es solamente aquel que ha recibido a Jesús por la fe. Además, el que nace de nuevo es también sellado por El Espíritu Santo y bautizado como miembro del cuerpo de Cristo, teniendo al Espíritu de Dios morando en él y Quién a la vez viene para darnos la llenura o plenitud indispensable para un testimonio firme y verdadero.

¿Estamos convencidos de que la verdad es absoluta? Si no hay certeza en cuanto a las grandes doctrinas de la historia de la creación de Dios, la relevancia de la ley moral (Diez Mandamientos), la encarnación, enseñanzas, muerte, resurrección, y reino de Cristo, la inerrancia de la Biblia, la fundación apostólica y Cristo-céntrica de la iglesia, y la redención de los pecadores por gracia de Dios, ¿cómo vamos a ponernos de acuerdo con los detalles de la vida?

¿Qué certeza tenemos de lo que Francis Shaeffer (considerado por muchos como el más grande filósofo cristiano del Siglo XX) llama, la “verdadera verdad”? Hay que estar seguros y saber por qué lo estamos. Hay que estudiar la ciencia de la interpretación bíblica y mantenernos fieles a la interpretación verdadera. Somos el pueblo de la “sola Scritura” de que la Biblia es la verdad máxima para la fe y la vida. La verdad corresponde y es fiel a la realidad de Dios y Su Revelación.

Con todo, somos atrevidos en decir que las razones mencionadas arriba son razones secundarias para no defender la fe. El diagnóstico identifica que son síntomas de algo más profundo. Nuestra opinión es que la razón principal por la cual no testificamos como debemos hacerlo tiene que ver con nuestra participación en la gran comisión que nos dejó el Señor Jesús. La esperanza para el fiel testimonio de Cristo está en vivir en el poder del Espíritu Santo. “Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre nosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos…” (Hechos 1.8).

La motivación apologética es teológica y espiritual, es de Dios y vivida por los creyentes al testificar de Jesús. Proponemos, entonces, una apologética basada en la absoluta verdad del único Dios, revelada tanto en una manera general y especial, expresada en todas las relaciones de la vida, manifestada en la historia y acciones de redención, presentadas racionalmente a todos los que nos escuchan, y sobre todo basada en el mandato ineludible de cumplir la gran comisión…

Adoptando una estrategia apologética (Parte 1)

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La apologética es la defensa de la fe bíblica y cristiana. La palabra “apologética”, según el diccionario, viene del griego ἀπολογητικός, la cual, nos dice el Dr. Neal Hegeman, analizamos así: apo (todo), logos (palabra), legein (contar, declarar), y de alli esencialmente proponemos que la apologética cristiana es hablar por Dios según lo que Dios ha revelado de sí mismo.

Bíblicamente hablando, la apologética es “estad siempre preparados para presentar defensa (apología) con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros” (1 Pedro 3.15). Uno debe estar seguro, absolutamente seguro, de que la fe cristiana es la fe verdadera, para vivir y morir diariamente por ella (Comparar 1 Corintios 15.31 con Romanos 12.1, 14.7-8, 2 Corintios 4.11, 7.3, Filipenses 1.21, 2 Timoteo 3.12). Eso es esencial en la apologética cristiana. Pero, ¿acaso eso no es fanatismo? No, porque el cristianismo nos habla de ser testigos (mártires) no fanáticos. La diferencia es que un testigo muere para proteger a todos, incluyendo a los que no están a su favor, mientras que un fanático, si acaso, muere para matar a los que se le oponen. De ahí que el más grande martirio ocurrido en la historia humana es el del Señor Jesucristo, Él, siendo Dios y un hombre perfecto, murió para perdonar a los culpables. El Cordero de Dios y su sacrificio es el centro de la apología cristiana. Sin el sacrificio de Jesús en la cruz no hay buena noticia para los pecadores que necesitan ser perdonados. Él tomó nuestro lugar en la cruz para que pudiéramos ser perdonados y para que pudiéramos contar a otros cómo se pueden ser salvos para servirle dando testimonio y apología ante otros, es decir, hablando por Dios según lo que Dios ha revelado de sí mismo…

¡Predica La Palabra!

Tú anuncia el mensaje de Dios en todo momento. Anúncialo, aunque ese momento no parezca ser el mejor. Muéstrale a la gente sus errores, corrígela y anímala; instrúyela con mucha paciencia. 2 Timoteo 4:2 TLA

Cuando era muy joven llegué a poner en duda la confiabilidad de Las Escrituras. He mencionado antes un poco acerca de esa actitud, cuando daba testimonio de mi conversión al cristianismo (lo digo así porque aunque fui criado y educado en contextos tanto católicos como evangélicos, era practicante de la New Age y particularmente seguidor de las filosofías orientales). Por supuesto mi historia ahora es diferente. Después de haber sido persuadido que La Biblia es la Palabra de Dios, los textos que me fueron mostrados me hicieron entender que la salvación es por gracia de Dios y entonces acepté con fe en Jesucristo el regalo de la salvación. Desde aquel entonces fui muy determinado a indagar acerca de lo que hoy conocemos como los hechos esenciales que trata la Bibliología. Desde muy temprano en mi vida cristiana he tenido por pasión el estudio y la enseñanza de Las Sagradas Escrituras. Aun cuanto me hace falta muchísimo por aprender, he experimentado que el Espíritu Santo y las Sagradas Escrituras son el binomio perfecto para respaldar nuestro crecimiento en ciencia, madurez y poder… crecimiento que a la vez por pura gracia y misericordia nos conduce a predicar La Palabra, en mi caso particular no solo desde las oportunidades para servir en la iglesia, sino también desde nuestro trabajo en la Sociedad Bíblica de Honduras y en la Universidad Cristiana de Honduras.

Puesto que La Palabra trae influencia a tu vida, te animo a que des testimonio de ello, contándole a otros lo que aprendes, para gloria de Dios.

Hazme un instrumento

Mary-Jones

Esta es la historia de una niña cuyo afán por tener una Biblia motivó a que se fundara en Londres hace más de 200 años la Sociedad Bíblica Británica y Extranjera. Gracias a ese esfuerzo, hoy en tu país hay una Sociedad Bíblica y tú puedes tener una Biblia.Hacia finales del siglo XVIII, escondida entre las montañas de Gales, Gran Bretaña, había una pequeña cabaña en la que vivía la niña María Jones. Los padres de María eran gente trabajadora. Su papá tejía hermosas telas para vender en el mercado. Su mamá se ocupaba de los quehaceres del hogar. Los domingos, María y sus padres iban a la iglesia.

A María le gustaba cantar los himnos; pero cuando el pastor predicaba era difícil para ella comprender los mensajes. Cuando escuchaba al pastor leer la Biblia, deseaba saber más de la Palabra de Dios. Entonces nació en su corazón el deseo de tener una Biblia propia.

En aquel tiempo las Biblias eran muy escasas, y algunas iglesias tenían un solo ejemplar encadenado al púlpito. En el hogar de María no había Biblia, y aunque la hubieran tenido, ella no sabía leer. Pero cuando se abrió una escuela cerca de su casa, su papá le dio permiso para que ella asistiera. El buen maestro Juan Ellis les enseñó a los niños a leer y a escribir. Cuando aprendió a leer, María caminaba todos los sábados más de tres kilómetros hasta la casa de la señora Evans, la esposa de un campesino rico que poseía una Biblia, para leerla. Pero más que nada, María quería tener una Biblia propia.

María comenzó a trabajar para juntar el dinero necesario para comprar su Biblia. Ayudaba a los vecinos con la limpieza y el cuidado de los niños, apacentaba vacas, vendía los huevos de dos gallinas que le había dado su mamá, cargaba agua del pozo, remendaba ropa. María hacía cualquier cosa para ganar unos centavitos. Después de seis largos años de trabajar y ahorrar, María tuvo lo suficiente para comprar una Biblia, que en esa época era muy costosa. ¡Qué emoción debe haber sentido al saber que pronto tendría su propia Biblia!

Como no se vendían Biblias en el pueblo, María debió ir a Bala, que quedaba a cuarenta kilómetros de su casa. Tuvo que caminar sola esa distancia, ¡y descalza! pues no quería gastar su único par de zapatos, pero lo hizo con alegría para conseguir su Biblia. Al llegar a casa del pastor Carlos, que vendía Biblias, recibió la triste noticia: “¡Ya no quedan más!” María lloró desconsolada al oírlo. ¿Sería que se había esforzado en vano durante tantos años?

Al ver a María llorando amargamente, el pastor Carlos se conmovió. —Hijita –le dijo–, no te puedo negar una Biblia. Un amigo mío tiene una Biblia que ha dejado en mi estante. Voy a pedirle permiso para vendértela. ¡Imagina el gozo que sintió María al tener la Biblia en sus manos! Una Biblia propia y en su propio idioma. ¡Sin duda fue saltando de alegría todo el camino de regreso a casa!

El pastor Carlos no pudo olvidar a la joven que había trabajado durante seis años y había caminado tanto para conseguir una Biblia en su idioma. Entonces le surgió el deseo de que todos los niños, jóvenes y adultos tuvieran también una Biblia. Con la ayuda de otras personas que tenían el mismo anhelo, en 1804 fundó en Londres la Sociedad Bíblica Británica y Extranjera.

Ahora María está en el cielo. Ya hace doscientos años desde que ella trabajó diligentemente para comprar su Biblia. María fue un instrumento de Dios para que muchas personas, en distintos países del mundo, puedan tener la Biblia en su propio idioma. Tú también puedes ser un instrumento en las manos de Dios. Pídele con corazón sincero: “Hazme un instrumento.”

Tomado de LaBibliaWeb.org,
Sitio oficial de las Sociedades Bíblicas Unidas en las Américas y España.

Tengo ganas de dar gracias: ¡Feliz día del pavo!

Gratitud desde la montaña “El Merendón”

Dicen que debemos practicar lo que predicamos. Pues ya ratos lo escuchamos: “o das gracias o murmuras, pero no puedes hacer las dos cosas” (Mi contextualización favorita de 1 Tesalonicenses 5.18, pues estamos en medio de una cultura hondureña y latinoamericana en la cual se es murmurador en demasía). Pues a practicar se ha dicho: Como muchos saben, en el último año y medio he tenido el gran gusto y reto de trabajar como consultor (independiente) en desarrollo humano, especialmente en las áreas de liderazgo y de docencia… hoy quiero dar gracias porque a partir de enero, Dios mediante, me integraré a “tiempo completo” al departamento de desarrollo de la Sociedad Bíblica de Honduras.

Quiero crear una lista amplia de motivos por los cuales dar gracias a Dios y a quienes nos rodean… voy a comenzar a llenarla antes de ir a la cena de gratitud con la familia… Si tú tienes ganas de dar gracias por este medio, sólo haz un comentario y sigue enumerando tus propias razones por las cuales dar gracias…

  1. Dios me prometió Su amor y me garantizó el Cielo.
  2. Mi familia me ha hecho sentir muy bien todo este tiempo. La gozamos con mi esposa y nos alegramos con los niños en lo que hacen y aprenden (la escuela, la iglesia, el piano, el baseball).
  3. Estoy en medio de una iglesia muy amorosa.
  4. He tenido muchas oportunidades de dar a conocer los principios bíblicos y los valores cristianos.
  5. Los amigos han sido muy especiales este año. (Gracias… Arnaldo, B, C, D, E, F, G, Héctor, I, Julio, K, Leonel, M, N, O, P, Q, R, S, T, U, V, W, X, Y, Z…. a TODOS!)
  6. Estoy contento con lo que he recibido… La gracia de Dios siempre es abundante!
  7. Mis pastores están cuidando de mi vida y me han ofrecido su apoyo en el nuevo trabajo.
  8. Tengo un nuevo sueño, y Dios me está guiando.
  9. Dios me ayudará a hacer algo grandioso.
  10. Más puertas se están abriendo, y desde adentro Alguien dice: ¡Bienvenido en el 2007!

Discipulado 106

6ª Condición:  Tomar la cruz.

“Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, TOME SU CRUZ…” Mateo 16:24 “El que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo.” Lucas 14:27

Escoger la cruz no se refiere a una dolencia física o a una angustia emocional, puesto que estas cosas son comunes a todos los hombres. Mas bien es un estilo de vida escogido deliberadamente. Es un camino que muchos podrían considerarlo como deshonroso y reprochable. Escoger tomar la cruz, por lo tanto, se trata de soportar diariamente la reacciones de incomprensión que alguien pudiera tener hacia aquel que pretende ser un verdadero discípulo de Jesús. La cruz es el emblema del rechazo y de la intolerancia que los religiosos colocaron sobre el Hijo de Dios. La sociedad que rechaza a Dios posiblemente también colocará ese emblema sobre aquellos que escojan ir en conformidad con los principios bíblicos. Cualquier creyente puede evitar la cruz conformándose a una vida egocéntrica.  En cambio, el discípulo tomará y llevará su cruz, para honrar a su Maestro y para servir a la humanidad.La cultura postmodernista promueve la “tolerancia”.  El cristianismo, en cambio, debe promoverla si la muestra como “paciencia”.  Debemos ser pacientes cuando nos rechazan, y de igual manera debemos ser pacientes cuando alguien no nos acepta.  Llevar la cruz implica perseverancia en medio de la apatía, pero esta perseverancia siempre debe ir acompañada de virtud.  ¿De qué manera podemos llevar la cruz, como muestra de nuestro amor a Cristo, en medio del rechazo o del menosprecio de otros?  ¿Cuáles sería los ejemplos de perseverancia virtuosa que tú seguirías?

Discipulado 104

compartiendo
Ser desprendido también consiste en compartir nuestras posesiones con otros en necesidad

4ª Condición: Desprenderse de las cosas materiales.

“… cualquiera de vosotros que no renuncie a todas sus posesiones,
no puede ser mi discípulo.”
Lucas 14:33

Esta, la cuarta, es tal vez la menos apreciada de las condiciones de Cristo para el discipulado, y se podría decir que tal vez es uno de los textos menos apreciados de la Biblia. Se pueden dar mil razones para probar que el versículo no quiere decir lo que parece decir, pero los discípulos honestos lo reciben con ardor, aceptando que el Señor Jesús sabía lo que quería decir. ¿Qué quiso decir con renunciar a todo? Significa el abandono de todas las posesiones materiales que no pueden ser usadas para el beneficio del Evangelio, o que pueden ser obstáculos para el Evangelio. Es mejor deshacerse de ellas e invertir en cosas de mejor o mayor beneficio.

El que renuncia a todo no se convierte en un despreocupado haragán. Trabaja arduamente para proveer a las necesidades comunes de su familia y de sí mismo. Pero, como vive para esparcir el Evangelio, invierte en la obra del Señor lo que sobrepase sus necesidades. Deja el futuro en las manos de Dios, por eso está dispuesto a sacrificar sus propias necesidades personales si hay una demanda apremiante. El no puede poner su confianza en dinero ahorrado sin propósito cuando hay almas que están pereciendo por falta del Evangelio. El que renuncia a todo también lo hace porque reconoce que compartir con los necesitados también es una virtud. De esa manera prefiere obedecer el precepto del Señor en favor de acumular riquezas en el cielo, en lugar de malgastar su vida acumulando riquezas terrenales infructíferas, más aun cuando sabe que Cristo regresará pronto.

Wesley dijo: “Hacerse tesoros en la tierra está tan claramente prohibido por nuestro Señor como el adulterio y el asesinato.” Cada uno de nosotros es responsable ante Dios por lo que significa dejarlo todo. Un creyente no puede dictar normas para el otro; cada persona debe actuar como resultado de su propio ejercicio delante de Dios. Es un asunto estrictamente personal. Si como resultado de tal ejercicio, el Señor guía al creyente a un grado de devoción hasta el momento no experimentado, no debe ser ello motivo de orgullo personal. Los sacrificios que hagamos no son en ninguna manera sacrificios cuando los exponemos a la luz del Calvario. Además de esto, damos al Señor solamente aquello que ya no podemos amar. “No es necio quien da aquello que ya no puede retener para obtener algo que no puede perder.” (Jim Elliot, el misionero que junto a otros cuatro murió martirizado por los Aucas, pero quienes tiempo después se convirtieron al cristianismo por el testimonio de la misma familia Elliot.)

Para ti, amigo o amiga, ¿qué ha implicado renunciar a todo?

El día que reconocí la confiabilidad de la Biblia

Él sabía que yo andaba muy feliz ayer, todo el día! Regresé tarde a casa, un poco más tarde de lo usual. Pero él había dejado una orden muy clara: “Mami, si cuando papá regrese ya estoy dormido, por favor me despiertas, que quiero entregarle el dibujo que le hice.” Ese dibujo se inspira en la decisión más importante que he tomado en mi vida. ¡Y por eso celebro!

Apenas tenía un poco más de la edad que Jaime tiene hoy cuando comencé a inquietarme mucho por la religión. A los 10 años ya había construido un altar personal, pero a los doce ya había presentado una ofrenda en un santuario oriental. Desde entonces comencé a practicar el yoga y la meditación trascendental, así como a involucrarme con varios grupos místicos. Ese temprano caminar me llevó a dudar de la veracidad de la Biblia, de la confiabilidad que podemos tener en las copias o versiones actuales de Las Sagradas Escrituras. No pretendo narrar toda la historia aquí, sino aprovechar para dar explicación… de mi motivo de celebración…

Una tarde, viajando desde la capital a mi ciudad, reconocí a una chica de origen judío que venía en el mismo autobús. Pero algo me llamó la atención: ¡Llevaba en sus manos una Biblia! Así que muy altivo le pregunté si me permitía viajar sentado a su lado, tramando incomodarla con mi opinión sobre Las Escrituras. Por supuesto que al hacerlo también doblaba mi brazo sobre mi pecho para que se notara el título de mi libro: Las profecías de la gran pirámide de Egipto.

Acortando la historia: La chica recién convertida al cristianismo, e igualmente recién estudiando “Evidencia que exige un veredicto” (Josh McDowell), supo paciente y sabiamente rebatir todas mis ideas anti-bíblicas. Después de cuatro horas de viaje oré algo así como esto: “Señor Jesús, ahora creo que la Biblia es Tu Palabra Fidedigna, que Tú eres Dios, que moriste en la cruz por amor a mí, y que resucitaste dejando satisfecha la justicia del Padre… reconozco que soy pecador y que es a Ti a quien he ofendido y menospreciado, pero ahora creo y acepto tu perdón, gracias por hacer hoy de mí un hijo de Dios.” Esa misma noche comencé a estudiar La Palabra, y La Palabra continúa influenciando mi vida. De eso hace ya 26 años (¡Gloria a Dios!), pero lo celebraré por la eternidad. “Señor Jesús, mi compromiso es contigo, con Tu iglesia, con Tu causa, con Tu Palabra.”

“Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios.” (Juan 1.12)