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Modelando La Palabra

Me han inquietado, en este contexto particular de reflexión, los recientes comentarios de Alma, Dixiana, Ulises y Harlan. Y la inquietud ha refrescado nuevamente la pertinencia de ofrecer un modelo a una Latinoamérica que se ve impulsada en muchos aspectos hacia la postmodernidad.*

  • Los cristianos tenemos el impresionante deber de apoyar el establecimiento de una iglesia creciente e influyente en cada rincón de Latino América.
  • También debemos aceptar el reto último de alcanzar con el Evangelio a todas las naciones, y consecuentemente proponer una ética en conformidad con el Reino de Dios.
  • Ante todos estos retos e intereses, y junto a las grandes necesidades y problemas de nuestros pueblos, se requiere de un ingrediente esencial: Preparar líderes íntegros y serios, que con un mensaje sano e intachable modelen la Palabra de Dios desde cualquier empresa que realicen y ante cualquier comunidad que sirvan.

Tengo la firme convicción, procuro mantener encendido el fuego, y me determino a una acción concreta como respuesta a la dirección que Dios dé a mi vida. Cuando las cosas son de esa manera, he aprendido que la pregunta “¿qué quieres que haga, Señor?” ya no es tan simple. Es seria, profunda, y cueste lo que cueste, debe también ser dinámica. Te reto a que cada día estés preguntándote sobre las convicciones, actitudes y acciones correctas hacia modelar una ética bíblica que sea consecuente con tu vocación, donde quiera que sea tu campo de acción, y ante quienes sean los que integren tu círculo de influencia… y me cuentas…

*Se dice que mientras en la modernidad los jóvenes requerían “argumentos razonables”, en la postmodernidad responden a “modelos imitables”.

Inquietos pero con calidad

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Como soberano del universo, Dios merece que nuestro servicio hacia Él sea en grado superlativo. Se le debe servir con un espíritu superior. La capacidad que tenemos para servir en el Reino de Dios no se basa en mérito alguno nuestro, sino por la gracia de Dios. Cada vez que recibimos una oportunidad para servir Dios premiará la diligencia con que producimos. Más vale, entonces, que sirvamos con calidad. Si somos fieles en lo poco, después tendremos satisfacción en abundancia. La excelencia para Dios nos hace conscientes de que para ser santos y justos en lo que producimos se requiere humildad, pues ante las muchas oportunidades de servicio se requiere tomar decisiones basadas en la Biblia.

Es un reto constante dedicarnos a nuestras actividades –sean familiares, sociales, laborales, políticas o religiosas, con un estándar elevado en el servicio. El interés por la excelencia debe llevarnos a una pura y prudente actitud de “hacerlo todo como para Dios y no para los hombres”. Así contribuiremos a la armonía en nuestra comunidad, agrandaremos nuestro círculo de influencia, y daremos un agrado a nuestro Dios. Indistintamente del tamaño de las comunidades que representamos, todas nuestras actividades deben esforzarse para servir con la calidad que demanda nuestra consagración.

Usemos al máximo todo lo que Dios nos ha dado para ser productivos. Un espíritu de excelencia requiere que desarrollemos hábitos de eficacia y de eficiencia. Como líderes interesados en mantener ese espíritu debemos comprometernos diariamente a ser productivos, con diligencia usando al máximo todo lo que Dios nos ha dado para producir. Así seremos eficaces. Como líderes determinados a servir de acuerdo a este valor sobre el cual giramos, debemos escoger siempre hacer lo más importante, de la mejor manera, para que aquello que deseamos producir sea de calidad. Así seremos eficientes. Nuestra eficacia y nuestra eficiencia serán enmarcadas por nuestro celo de glorificar a Dios honrando Su Palabra ante todo lo que hacemos o nos proponemos.