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¡Confía! ¡Dios hará algo nuevo en ti y contigo!

Un camino nuevo... en el desierto!
Un camino nuevo… en el desierto!

«Yo, ____________________, puedo confiar en la soberanía de Dios para mi renovación y restauración, pues fui creado para Su gloria, para publicar Su alabanza.»

Tal cita es una síntesis del capítulo 43 de las profecías en Isaías.  Te invito a “escribir” tu propio nombre en la línea punteada, y te propongo que confiemos en Dios para cumplir Su propósito para nuestra vida en el año nuevo y los años por venir, ¡para Su gloria!  Así que, rediseña y ¡confía!

¿Qué hemos vivido hasta ahora?  Pruebas, angustias, fracasos, debilidades y pecados personales, ansiedades, enfermedades, accidentes, malhechores, enemigos y otros pudieron habernos afectado en el plan de Dios para nuestra vida.  Aún el haber alcanzado éxitos, logros y metas sin glorificar a Dios se convirtieron en distracciones de nuestra misión en esta tierra.  Seguimos aquí porque Dios es Dios y Él nos ama. Él seguirá tomando iniciativa en buscarnos (I Juan 4.19) para “algo nuevo” conforme a Su palabra (2 Timoteo 3.14-17).  Así que corrige y ¡confía!

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El divorcio

No creo en el divorcio. Reconozco que se da aún en los círculos cristianos más conservadores, pero no creo en él.

Reconozco también que hay situaciones específicas en las que nos toca tolerar una separación, y que por lo tanto deberíamos tener una legislación adecuada, pero sigo creyendo que nunca el divorcio fue parte del plan de Dios para el matrimonio.

En toda la Biblia, solamente he encontrado dos pasajes que tienen fuerza como para hacernos “sospechar” que el divorcio es una institución {por supuesto que NO lo es}. Mateo 5:32 (Cf. 19:9) y 1 Corintios 7:15. Una interpretación literal-gramatical-histórica y varios acercamientos teológicos nos mostrarán que en el caso de Mateo no se habla de toda o cualquier relación sexual ilícita, sino de una muy específica que tenía que ver con los judíos, no con los gentiles. Y en el caso de Corinto, que Pablo estaba hablando de un asunto muy particular, lejos de establecer una legislación universal.

La Biblia está llena de principios que nos guían a la reconciliación, restaurando las heridas, reparando el daño, creciendo en amor.  El perdón, “como Cristo nos perdonó”, es uno de esos principios fundamentales.