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Tomando decisiones que Dios bendecirá

”¡Pero benditos sean aquellos que sólo confían en mí! Son como árboles plantados a la orilla de un río: extienden sus raíces hacia la corriente, el calor no les causa ningún daño, sus hojas siempre están verdes y todo el año dan fruto.” Jeremías 17:7-8 TLA

En Jeremías 17: ¿Cómo demostrar que confías en Dios y esperas tener Su bendición a tus decisiones?

Primeramente, vss. 5-6, 9-11.

  1. No pongas tu confianza en nadie más.
  2. Mucho menos confíes en ti mismo.
  3. ¡No te alejes de Dios!

Inmediatamente:

  1. Alaba a Dios, vss. 12-14.
  2. Pide ayuda a Dios, vss. 15-18.
  3. Cada toma de decisión que demanda confianza debes ponerle por fundamento un principio declarado en la Palabra de Dios, vss. 19-20.

Finalmente:

¡Haz una pausa y descansa! La principal evidencia de que humildemente estás confiado de que Dios bendecirá tus decisiones (vss. 5-6), es que obedientemente descansas en Él (vs. 21).


La mejor, mayor y más importante decisión que puedes tomar en la vida es creer en el Señor Jesucristo como tu Salvador (Hechos 16:30-31, Juan 6:47).

Solamente Jesús anula la maldición que trae la necedad del pecado, y ofrece la bendición propia de Su perdón, para que en Él sean benditas nuestras decisiones (Gálatas 3:1-3, 10-14).

¡Cree en el Señor Jesucristo!

Cómo depender de Dios

Parece el título de una receta fácil cuando nos dicen “si confías en Dios, ¡debes depender completamente en Él en todo lo que haces!”.  Nos quedamos quietos, preguntando, ¿y cómo?

El apóstol Pablo, en 2 Corintios 4:1-12, parece persuadirnos con sumo entusiasmo que la clave para depender en Dios está en servir con humildad: animados, exaltando a Cristo, de manera sacrificada.

Dependemos de Dios, humildemente, al servir con ánimo y no con vergüenza.

1Dios es bueno y nos permite servirle. Por eso no nos desanimamos. 2No sentimos vergüenza de nada, ni hacemos nada a escondidas. No tratamos de engañar a la gente ni cambiamos el mensaje de Dios. Al contrario, Dios es testigo de que decimos sólo la verdad. Por eso, todos pueden confiar en nosotros. 3Los únicos que no pueden entender la buena noticia que anunciamos son los que no se salvarán.

Dependemos de Dios, humildemente, al servir exaltando a Cristo y no a nosotros mismos.

4La buena noticia nos habla de la grandeza de Cristo, y Cristo a su vez nos muestra la grandeza de Dios. Ese mensaje brilla como la luz; pero los que no creen no pueden verla, porque Satanás no los deja. 5Y nosotros no nos anunciamos a nosotros mismos. Al contrario, anunciamos que Jesucristo es nuestro Señor, y que nosotros somos servidores de ustedes porque somos seguidores de Jesucristo. 6Cuando Dios creó el mundo, dijo: «Que brille la luz donde ahora hay oscuridad». Y cuando nos permitió entender la buena noticia, también iluminó nuestro entendimiento, para que por medio de Cristo conociéramos su grandeza.

Dependemos de Dios, humildemente, al servir con sacrificio más que por interés personal.

7Cuando Dios nos dio la buena noticia, puso, por así decirlo, un tesoro en una frágil vasija de barro. Así, cuando anunciamos la buena noticia, la gente sabe que el poder de ese mensaje viene de Dios y no de nosotros, que somos tan frágiles como el barro. 8Por eso, aunque pasamos por muchas dificultades, no nos desanimamos. Tenemos preocupaciones, pero no perdemos la calma. 9La gente nos persigue, pero Dios no nos abandona. Nos hacen caer, pero no nos destruyen. 10-11A dondequiera que vamos, todos pueden ver que sufrimos lo mismo que Cristo, y que por obedecerlo estamos siempre en peligro de muerte. Pero también pueden ver, por medio de nosotros, que Jesús tiene poder para dar vida a los muertos. 12Y así, mientras que nosotros vamos muriendo, ustedes van cobrando nueva vida.

¡Adiós Zidane!

Zidane
Expulsión de Zidane por “cabezazo” a Materazzi en el juego Italia-Francia, gran final del Campeonato Mundial de Fútbol Alemania 2006

Las moscas muertas hacen heder al perfume del perfumista;
así una pequeña necedad,
al que es estimado como sabio y honorable.

Eclesiastés 10.1 RVR-77

Lamentable, realmente lamentable lo sucedido con Zinedine Zidane en el tiempo extra de la final de fútbol Alemania 2006, al perder el control ante la  ofensiva de Marco Materazzi. ¡Adiós Francia, Adios Zidane!

Viene también a mi memoria el “tiempo extra” del Rey Ezequías. Todo estaba bien hasta “el último minuto” del partido de su vida. Todos los reyes de Judá eran evaluados conforme al reglamento divino: Eran o no eran conforme al corazón de su padre David. Y Ezequías ahora podía retirarse en verdadera gloria (2 Reyes 18.3, 2 Crónicas 29.2). El árbitro pitó el final (2 Reyes 20.1) y todo estaba listo para que Ezequías ganara la Copa.

Ezequías, sin embargo apeló. ¡Y misteriosamente el árbitro concedió la prórroga! Pero en lugar de mantener la humildad, el gran jugador sorprendió a la Historia misma: No correspondió al tiempo extra, sino que se enalteció. Justo cuánto más necesitaba dar testimonio de su fe, mostró orgullosa incredulidad (Lee Isaías 38 con más detalles. Compara 2 Crónicas 32.25 con 2 Reyes 20.8, mira también Habacuc 2.4).

La tarjeta roja llegó cuando unos pocos días después cometió un error garrafal: Más que los tesoros y las glorias acumuladas, mostró a los babilonios lo enaltecido que estaba su corazón (2 Crónicas 32.31, 2 Reyes 20.15-19, Isaías 39). Por causa de esta “pequeña necedad”, unas pocas generaciones después los hijos de Ezequías fueron “eliminados” por Babilonia, quienes se llevaron hasta la última medalla de oro que se guardaba en la repisa del salón principal del Palacio.

Si Dios ha mostrado que alguno de nuestros “juegos de la vida” ha concluido, debemos tener mucho cuidado de pretender un “tiempo extra”… Si pretendemos pedir un nuevo “partido”, primero debemos tener consciente dependencia en Sus promesas, genuino quebrantamiento ante Su misericordia y determinación a esforzarnos en la gracia que siempre tendremos en Cristo. De no ser así, me da temor que la voluntad “permisiva” de Dios sea sólo para mostrar que mi corazón no “hizo lo recto ante los ojos de Jehová, conforme a todas las cosas que había hecho David”…