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Lo Pobre Que Somos Nosotros

(Autor desconocido, editado)

Un padre económicamente acomodado, queriendo que su hijo supiera lo que es ser pobre, lo llevó a pasarse un par de días en el monte con una familia campesina. 

Cuando venía de regreso, el padre preguntó a su hijo: “¿Qué te pareció la experiencia?”

“Buena”, contestó el hijo con la mirada puesta a la distancia.

-Y… ¿qué aprendiste?, insistió el padre.

– Que nosotros tenemos un perro y ellos tienen cuatro. Nosotros tenemos una piscina con agua estancada que llega a la mitad del jardín; ellos tienen un río sin fin, de agua cristalina, donde hay pececitos, y otras bellezas. Que nosotros importamos linternas chinas para alumbrar nuestro jardín, mientras que ellos se alumbran con las estrellas y la luna. Nuestro patio llega hasta la cerca; el de ellos, hasta el horizonte. Que nosotros compramos nuestra comida; ellos, siembran y cosechan la suya. Nosotros escuchamos un CD; ellos escuchan una perpetua sinfonía de pájaros, pericos, ranas, y otros animalitos. Nosotros cocinamos en estufa eléctrica; ellos todo lo que comen tiene ese glorioso sabor del fogón de leña. Para protegernos nosotros vivimos rodeados por un muro, con alarmas y vigilantes; ellos viven con sus puertas abiertas, protegidos por la amistad de sus vecinos. Nosotros vivimos “conectados” al celular, a la computadora, al televisor; ellos, en cambio, están “conectados” a la vida, al cielo, al sol, al agua, al verde de monte, a los animales, a su familia.

Ante el enmudecimiento de su padre, el hijo concluyó: “Gracias papi, por haberme enseñado lo pobre que somos nosotros.”

Cómo estar agradecido “a pesar de lo duro que está la vida” – 7 aplicaciones del libro de Habacuc

Dios mío,
a gritos te pido que me ayudes,
pero tú no me escuchas;
¿cuándo vas a hacerme caso?
Te he rogado que acabes con la violencia,
pero tú no haces nada.

¿Por qué me obligas a ver
tanta violencia e injusticia?
Por todas partes veo
sólo pleitos y peleas;
por todas partes veo
sólo violencia y destrucción.

Nadie obedece tus mandamientos,
nadie es justo con nadie.
Los malvados maltratan a los buenos,
y por todas partes hay injusticia.
Habacuc 1:1-4 TLA

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O murmuras, ¡o das gracias!

Gracias
Dios mío,
yo siempre te daré gracias
por todo lo que has hecho;
en ti pondré mi confianza
porque tú eres bueno.
¡Pongo por testigo
al pueblo que te ama!
Salmos 52.9 TLA

Mi abuela decía: “Siempre pidan las cosas ‘por favor’… cuando reciban el favor, siempre digan ‘gracias’.” Mi madre, por su lado, nos hacía poner atención: “la persona agradecida siempre estará contenta”. Bueno, es mi turno… “O murmuras, o das gracias, pero no puedes hacer las dos cosas al mismo tiempo.” Mis hijos me han escuchado decirlo muchas veces. En tiempos de “vacas flacas” han aprendido a no reclamar, y aún en tiempos de vacas de cualquier peso, están aprendiendo esa melodía que tanto me encanta: “Gracias Pa.”

Doy tantas gracias a Dios por rodearme de una familia con quien aprender a ser y estar agradecidos. Este año el mayor (15) de mis hijos da gracias por su incorporación al grupo musical de nuestra iglesia. El segundo (12) por su graduación de la Escuela Primaria; el menor (10), porque a partir de este sus cumpleaños serán de dos dígitos. Mi esposa y yo agradecemos mi incorporación a la Sociedad Bíblica de Honduras. Para celebrar, hoy cenaremos pavo. En familia y con amigos continuaremos sacando la lista de acciones de gracias. Estoy esperando el momento para decir: “¡Gracias por todo, Señor. Gloria solamente a Ti!”

Te animo a dar gracias. En medio de tantos problemas y necesidades, tanto personales y familiares como alrededor nuestro, al dejar de murmurar y en su lugar agradecer, Dios comienza a actuar. Es sencillo: El es bueno. Somos nosotros quienes necesitamos aprender a confiar en El. Pongámonos unos a otros como testigos de su bondad, y a la vez de nuestra propia gratitud. ¿Cómo? Recibes, agradeces, compartes

Tengo ganas de dar gracias: ¡Feliz día del pavo!

Gratitud desde la montaña “El Merendón”

Dicen que debemos practicar lo que predicamos. Pues ya ratos lo escuchamos: “o das gracias o murmuras, pero no puedes hacer las dos cosas” (Mi contextualización favorita de 1 Tesalonicenses 5.18, pues estamos en medio de una cultura hondureña y latinoamericana en la cual se es murmurador en demasía). Pues a practicar se ha dicho: Como muchos saben, en el último año y medio he tenido el gran gusto y reto de trabajar como consultor (independiente) en desarrollo humano, especialmente en las áreas de liderazgo y de docencia… hoy quiero dar gracias porque a partir de enero, Dios mediante, me integraré a “tiempo completo” al departamento de desarrollo de la Sociedad Bíblica de Honduras.

Quiero crear una lista amplia de motivos por los cuales dar gracias a Dios y a quienes nos rodean… voy a comenzar a llenarla antes de ir a la cena de gratitud con la familia… Si tú tienes ganas de dar gracias por este medio, sólo haz un comentario y sigue enumerando tus propias razones por las cuales dar gracias…

  1. Dios me prometió Su amor y me garantizó el Cielo.
  2. Mi familia me ha hecho sentir muy bien todo este tiempo. La gozamos con mi esposa y nos alegramos con los niños en lo que hacen y aprenden (la escuela, la iglesia, el piano, el baseball).
  3. Estoy en medio de una iglesia muy amorosa.
  4. He tenido muchas oportunidades de dar a conocer los principios bíblicos y los valores cristianos.
  5. Los amigos han sido muy especiales este año. (Gracias… Arnaldo, B, C, D, E, F, G, Héctor, I, Julio, K, Leonel, M, N, O, P, Q, R, S, T, U, V, W, X, Y, Z…. a TODOS!)
  6. Estoy contento con lo que he recibido… La gracia de Dios siempre es abundante!
  7. Mis pastores están cuidando de mi vida y me han ofrecido su apoyo en el nuevo trabajo.
  8. Tengo un nuevo sueño, y Dios me está guiando.
  9. Dios me ayudará a hacer algo grandioso.
  10. Más puertas se están abriendo, y desde adentro Alguien dice: ¡Bienvenido en el 2007!

Aunque camine en la oscuridad

Padre que estás en los Cielos: Te doy gracias por crearme, por mis seres amados, por darme la fe para creer en tu sacrificio. Por mis fatigas y por mis fuerzas. Por mis fracasos y por mis triunfos, por mis pérdidas y por mis ganancias, por lo vivido y lo no vivido. Por siempre contestar mis oraciones. Por mi actual estado físico y por el futuro. Por este día y por los que me des. Por lo agradable y lo desagradable. Por mis pastores, por tu Palabra, por tu iglesia y por tu Espíritu en mí. Pero sobre todo esto, por Tu inmenso amor y porque un día estaré en Tu misma presencia para adorarte por la eternidad.

Consciente de mi maldad y mí insuficiente devoción a Ti, te pido que aumentes mi fe, que tengas misericordia de mi y sanes mi cuerpo y mi alma de todo mal, que me ayudes a terminar lo que me has encargado y proveas para nuestro sustento y para ser de bendición a otros, que me libres del mal que me rodea y ensanches mi prestigio en esta tierra, para que viva delante de los hombres adorándote y sirviéndote. Corrige en mí lo equivocado y Te alabaré con un recto corazón. Ante ti y por ti, me someto a Tu voluntad con gratitud y reverencia y me abandono a ella hoy y los días que Tú me des. Amén.

Uno de mis mejores amigos compartió conmigo esa oración, su oración de este día. Me uno a ella.

Hace un días, después de una jornada de oración, el Señor me despertó en la madrugada poniéndome a buscar una Palabra para mí en Isaías 50. De entrada me cautivaron los versículos 7 al 11, pero sin comprenderlos. Un día después el Señor me hizo concentrar en el versículo 10 (y me recordó que otras veces me ha pedido lo mismo con los Salmos 7:8, 26:1-3 y 139:23-24). Desde entonces he estado al pendiente de un rayo de luz, de aprender a depender de Dios en la ya prolongada prueba con el asunto de las puertas. Ayer martes hubo un destello, pero hoy miércoles, este amigo, sin saberlo, me estaba mostrando un gran rayo de luz en medio de la oscuridad. 🙂

Alabanzas Sinceras

Observando con gratitud

Gloria demos al Padre
por sus grandes bendiciones,
no dejemos que se nos consagre
pues de Él son las acciones.

Acciones de paz y alegrías
que a todos nos hacen bien,
a partir de hoy todos los días
gracias démosle de cien en cien.

Él nos perdona al amarnos
y nos libra de enfermedades,
Su Hijo vendrá a llevarnos
y a Él alabarán las ciudades.

Del mal siempre nos salva
y nos guía por buen camino,
entreguémosle todos el alma
y seamos un buen peregrino.

Peregrino que grita y canta
a Dios alabanzas sinceras,
que aunque no esté en Tierra Santa
predica con palabras verdaderas.

Escrito el Día de Acción de Gracias, en 1979.
Es curioso, pero este poema lo escribí cuando “estudiaba” la fe cristiana, sin profesarla.
(Comparar con Salmos 116)