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Dios hablando consigo mismo sobre mí

La Biblia que leía en mi época de estudiante en la UNAH, a principios de los 80’s.

 

Acabo de “re-leer” Juan 17.

Este capítulo nos da la inspiradora oportunidad de escuchar a Dios hablando con Dios. No hay, en toda la Biblia, otro pasaje como ese que se le pueda comparar.

Dios – El Hijo está deseando que seamos tan felices como Él, felicidad que radica en que guardemos la unidad y mostremos amor. ¡Volvamos a leerlo!

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O murmuras, ¡o das gracias!

Gracias
Dios mío,
yo siempre te daré gracias
por todo lo que has hecho;
en ti pondré mi confianza
porque tú eres bueno.
¡Pongo por testigo
al pueblo que te ama!
Salmos 52.9 TLA

Mi abuela decía: “Siempre pidan las cosas ‘por favor’… cuando reciban el favor, siempre digan ‘gracias’.” Mi madre, por su lado, nos hacía poner atención: “la persona agradecida siempre estará contenta”. Bueno, es mi turno… “O murmuras, o das gracias, pero no puedes hacer las dos cosas al mismo tiempo.” Mis hijos me han escuchado decirlo muchas veces. En tiempos de “vacas flacas” han aprendido a no reclamar, y aún en tiempos de vacas de cualquier peso, están aprendiendo esa melodía que tanto me encanta: “Gracias Pa.”

Doy tantas gracias a Dios por rodearme de una familia con quien aprender a ser y estar agradecidos. Este año el mayor (15) de mis hijos da gracias por su incorporación al grupo musical de nuestra iglesia. El segundo (12) por su graduación de la Escuela Primaria; el menor (10), porque a partir de este sus cumpleaños serán de dos dígitos. Mi esposa y yo agradecemos mi incorporación a la Sociedad Bíblica de Honduras. Para celebrar, hoy cenaremos pavo. En familia y con amigos continuaremos sacando la lista de acciones de gracias. Estoy esperando el momento para decir: “¡Gracias por todo, Señor. Gloria solamente a Ti!”

Te animo a dar gracias. En medio de tantos problemas y necesidades, tanto personales y familiares como alrededor nuestro, al dejar de murmurar y en su lugar agradecer, Dios comienza a actuar. Es sencillo: El es bueno. Somos nosotros quienes necesitamos aprender a confiar en El. Pongámonos unos a otros como testigos de su bondad, y a la vez de nuestra propia gratitud. ¿Cómo? Recibes, agradeces, compartes

Discipulado 105

oreja horadada
Al “esclavo de amor” le horadaban la oreja contra el marco de la puerta de la casa de su amo

5ª Condición: Negarse a uno mismo.

“Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, NIÉGUESE A SÍ MISMO…”
Mateo 16:24

La negación del yo no es lo mismo que la abnegación personal. Esto último significa “Sacrificio que alguien hace de su voluntad, de sus afectos o de sus intereses, generalmente por motivos religiosos o por altruismo.” (Diccionario de la Lengua Española). Se aplica incluso al hecho de privarse de algunas comidas, placeres o posesiones. La negación del yo, sin embargo, es una sumisión tan completa al Señorío de Cristo, que “el yo” escoge quedarse sin derechos ni autoridad alguna. Significa que el yo abdica al trono… y Jesucristo ocupa su lugar. Cedemos, de esa manera, a nuestra voluntad, y damos paso a la de Él. Fue así como un amigo pastor, en uno de los momentos más difíciles de su vida, reconoció que “la voluntad de Dios y mi felicidad son una misma cosa”.

Nótese cuantas veces aparece en el N. T. la declaración “El que pierde su vida por causa de mí, la hallará.”: Mt. 10:39, 16:25; Mr. 8:35; Lc. 9:24, 17:33; Jn. 12:25. Sin lugar a dudas que una vida guardada para sí es una vida perdida. Entregarla por Cristo, sin embargo, es encontrarla, gozarla, y guardarla para la eternidad. Ser un cristiano mediocre solamente asegura una existencia miserable. Estar enteramente consagrado a Cristo es el camino más seguro para llegar a gozar de lo mejor de Él. Ser un verdadero discípulo es ser un esclavo de Jesucristo y encontrar en su servicio perfecta libertad. Hay libertad en los pasos de todo aquel que se convierte en Su “esclavo de amor”. (Compara la foto con lo que dice Exodo 21:5-6 y Deuteronomio 15:16-17)

Es saludable hacer notar que con una exigencia tan alta como la de esta condición, el Señor honra y respeta nuestra voluntad y decisión: “Si alguno QUIERE…” Este es el espíritu de la libertad en Cristo. ¿Quieres tú ser discípulo de Jesucristo? Pues considera el precio a pagar y decide “si quieres”. El Señor Jesús nunca trató de engañar a los hombres para que hicieran una profesión de fe de labios. Tampoco, en su humildad como Dios-Hombre, trató de conseguir una gran cantidad de seguidores predicando un mensaje popular. En realidad, cuando vio que la gente empezó a acumularse en pos de Él, se volvió y les hizo pasar por el cedazo presentándoles las condiciones más duras para seguirlo.

Pensemos, ¿qué o quién nos puede impulsar a negarnos a nosotros mismos para dar prioridad a Jesucristo? ¿qué iniciativas has tomado tú en el pasado y que te han motivado a dar un lugar preferente a las cosas de Dios?