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Motivaciones para estudiar y enseñar las profecías bíblicas sobre el futuro

Jerusalén
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ESCATOLOGÍA:

  • Parte de la Teología Sistemática que recopila y estudia las profecías bíblicas relacionadas con eventos futuros.
  • Es el estudio bíblico-teológico acerca de “el día del Señor” y de los eventos relacionados con Su venida para juzgar a Israel y a todas las naciones de la tierra.
  • Es la parte de la teología que explica la doctrina de las últimas cosas. Incluye el estudio de lo que La Biblia enseña sobre la resurrección de los muertos, además del destino eterno de los salvos y de los no-salvos. Se consideran temas como el rapto de la iglesia, la tribulación, la segunda venida de Cristo, el milenio, el juicio final; y los cielos nuevos y la tierra nueva.
  • La Escatología es el estudio de la ESPERANZA y RESPONSABILIDAD cristiana en general en cualquier época de la historia, ante al anuncio de juicios divinos inminentes para la humanidad alejada de Dios.

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La razón más importante para asociarse con Israel es la bíblica

Asociarse a Israel es crucial para que un país sea bendecido de manera particular por Dios. Mi corazón se conmueve a la luz de las implicaciones bíblicas acerca de la necesidad de apoyar apasionadamente a Israel.

La historia muestra, en un sentido de “siembra y cosecha”, que las naciones pueden prosperar maravillosamente si una base cultural proviene de todo lo que Israel ha proporcionado históricamente en relación con la verdad bíblica. Como nación podemos tomar prestado efectivamente del Israel histórico.  No hay duda de que las verdades bíblicas del Israel histórico proporcionan los amarres culturales para una nueva e histórica Honduras.  En resumen, podría llamarse a esto la unión filosófica con Israel.

En otro sentido, La Palabra de Dios contiene una promesa clara y absoluta en relación con el Pacto Abrahámico de Génesis 12:3a: “Bendeciré a los que te bendigan, y maldeciré a los que te maldigan…” La historia traza vívidamente esta verdad. Ya sea que haya sido bendecido por apoyar a Israel, o exponerse a maldición por intentar destruirlo.  Una cosa es segura: este pueblo y este país son muy especiales, separados por Dios de todos los demás. Ningún otro país se compara.

Dada la reciente apertura de la oficina diplomática de Honduras en Jerusalén, como extensión de su Embajada ubicada actualmente en las cercanías de Tel Aviv, pensé que este sería un buen momento para proporcionar una introducción bíblica de por qué usted y nuestra nación deberíamos asociarnos con el Estado de Israel, sus instituciones y con el pueblo judío en particular.

En 1948 Israel se convirtió en una nación al proclamar su independencia, luego de que en 1947 los países de la Organización de las Naciones Unidas aprobaron la partición de Palestina en dos estados, uno judío y uno árabe. Honduras, sin embargo, bajo el gobierno del Gral. Tiburcio Carías Andino y el Dr. Plutarco Muñoz como presidente del Congreso Nacional de la República, se abstuvo de votar a su favor en aquella Asamblea General de la ONU. Setenta y un años después, con el reconocimiento público de Jerusalén como capital de Israel que hiciera el Presidente Juan Orlando Hernández, y su posterior decisión diplomática de abrir una oficina de cooperación y comercio en Jerusalén, se puede decir que de alguna manera Honduras busca “revertir” aquella abstención y convertirla en un “voto de respaldo” al Estado de Israel.¿Por qué el Gobierno de Honduras lo habría hecho? Sin duda habrá tenido que considerar todo aspecto político, social y comercial, escuchando a diversos sectores, y adoptando convicciones y posiciones al respecto. En este contexto, la Confraternidad Evangélica de Honduras por muchos años y con varios gobiernos había venido planteado su posición bíblico-teológica sobre el reconocimiento de Jerusalén, apoyo al pueblo judío y lucha contra el antisemitismo. El Presidente Hernández y la Primera Dama han escuchado la petición de la gran mayoría de los cristianos evangélicos del país sobre el Estado de Israel y su pueblo.

¿Debe Honduras asociarse a Israel? La razón más importante por la cual un país o estado debería asociarse a Israel no es la económica, ni la social, ni la política –éstas sin duda son objeto de beneficio, pero no causa o razón. La razón más importante para asociarse con Israel es la bíblica. Lo que sigue es un estudio original de Capitol Ministries (el cual he traducido, adaptado y contextualizado) sobre tres capítulos bíblicos principales, que cuando se analizan juntos exclaman por qué cada gobernante, legislador, líder gubernamental, empresario, líder social, ciudadano y ser humano debería hacerse amigo de Israel. Esos tres capítulos son Génesis 12, Romanos 11 y Apocalipsis 7 y son los principales impulsores de convicción con respecto al apoyo inquebrantable a Israel.

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El anticristo ya nació

El anticristo YA nació, pero aún NO se ha manifestado. El único que sabe cuando es que se manifestará es Dios mismo; esto más, Dios mismo es el único que puede permitirle al anticristo manifestar su oposición a Cristo. Es en este sentido (sin ser “capciosos”) que podemos afirmar que ya nació un anticristo que eventualmente podría manifestarse como el anticristo, pues en cada época de la historia Satanás ha tenido que “estar preparado” para darle poder a su representante.

¿Cuál será su nacionalidad? No lo sé. Es muy probable que sea israelita pero no un judío.  Algunos piensan que será descendiente de la tribu de Dan.  Otros, sin embargo, consideran que puede ser un extranjero, y si este fuera el caso, se trataría de un supuesto cristiano o incluso de un convertido a otra religión distinta al judaísmo y al cristianismo.  Curiosamente, en la antigüedad, los judíos identificaron a un rey sirio como el personaje anti-Dios que describe el libro de Daniel. Otros intérpretes judíos han identificado a otros extranjeros: Nerón, Tito y Hitler.  Varios de los reformadores, en su época, quisieron señalar al Obispo de Roma. Ninguno de los mencionados reúne en sí mismo todos los indicadores bíblicos con los cuales se identifica al anticristo.  Lo que más destaca la Biblia no es su etnia ni identidad, sino su poderío, mismo que recibirá de Satanás.  Usará su poder contra Cristo, y contra los judíos y demás descendientes de Jacob.  Estas intenciones apuntan a un escenario en el cual la magnificencia de la nación de Israel es envidia de las naciones y que la venida del Mesías es inminente.  

Según el libro de Daniel, el imperio romano será restaurado por medio de una alianza de 10 reyes o países, que se unirán bajo un líder poderoso.  A través de él, Satanás pretenderá establecer su reino sobre la tierra. Por eso es que su influencia política, social, militar, económica, científica, tecnológica le permitirá firmar la “paz mundial” al principio de la Tribulación. A ese personaje, Daniel lo llama “cuerno pequeño”, cuya obra es una “abominación desoladora”. Pablo lo llama “el hombre de pecado”, “el hijo de perdición”, y “aquel inicuo”. En Apocalipis 11, Juan lo describe como “la bestia que sube del abismo”, y en Apocalipsis 13, como “una bestia que sube del mar”. Pero Primera de Juan lo ha llamado con el nombre más blasfemo de todos: Anticristo, el que se opone a Cristo. Durante 3½ años montará una campaña terrible en contra de los judíos y de los creyentes en general. Muchos sufrirán a causa de él y de su falso profeta. También logrará engañar a otros para que le adoren. Pero esto sólo será temporal. ¡Dios gana!

2 Tesalonicenses 2:3-10 constituyen el pasaje más importante en los escritos del Apóstol San Pablo sobre la “manifestación del hombre de pecado”.

Este es el pasaje en su contexto inmediato:

1Hermanos, con respecto a la venida de nuestro Señor Jesucristo y nuestra reunión con él, les rogamos 2que no cambien fácilmente de manera de pensar. No se dejen asustar por nadie, ni siquiera por un espíritu, una palabra, o una carta que pretenda aparecer como nuestra, en el sentido de que el día del Señor está cerca.

3De ninguna manera se dejen engañar. Porque ese día no vendrá sin que antes venga la apostasía, y se manifieste el hombre de pecado, es decir, el hijo de perdición, 4el cual se opone y se enfrenta a todo lo que se llama Dios o es objeto de culto. Llega al grado de sentarse en el templo de Dios y de ocupar su lugar, haciéndose pasar por Dios.

5¿No se acuerdan de que, cuando yo estaba todavía con ustedes, les advertía esto? 6Y ahora ustedes saben bien qué es lo que lo detiene, a fin de que a su debido tiempo se manifieste. 7Porque el misterio de la iniquidad ya está en acción, sólo que en este momento hay quien lo detiene, hasta que él a su vez sea quitado de en medio. 8Entonces se manifestará ese malvado, a quien el Señor matará con el espíritu de su boca y destruirá con el resplandor de su venida. 9La llegada de este malvado, que es obra de Satanás, vendrá acompañada de gran poder y de señales y prodigios engañosos, 10y con toda falsedad e iniquidad para los que se pierden, por no haber querido recibir el amor de la verdad para ser salvados. 11Por eso Dios les envía un poder engañoso, para que crean a la mentira, 12a fin de que sean condenados todos los que, lejos de creer a la verdad, se deleitaron en la injusticia.

Me gustaría comentar esos versículos en particular:

  • El Espíritu Santo es quien detiene la manifestación del anticristo. Sólo el poder divino es suficiente para detener la manifestación de ese “hombre de pecado”. Esta interpretación explica bien la alternación entre el neutro “lo que detiene” (lit. en v.6), y el masculino “quien detiene” (lit. en v.7). El uso del neutro puede deberse a que el sustantivo “espíritu” es neutro, y el uso del masculino a que el Espíritu Santo es una persona. La última parte del v. 7 no tiene que significar que el Espíritu Santo va a ser quitado del mundo, sino sólo de su posición obstaculizadora.
  • Recordemos: El Espíritu Santo es Dios. Dios es omnipresente. Es un injustificable error teológico deducir que el Espíritu Santo dejará de estar en la Tierra cuando la Iglesia sea llevada por Cristo.
  • Dios es quien gobierna la historia, por lo tanto el anticristo sólo se manifestará cuando el Espíritu Santo se lo permita. Actualmente está “en medio”, deteniendo al hombre de pecado, para que no se manifieste en el mundo. Cuando deje de cumplir ese “ministerio obstaculizador” es que el hombre de pecado tendrá pleno acceso al mundo.

La situación más preocupante en todo esto es que muchos hoy dicen “cuando vea que todas esas cosas pasen es que voy a creer” ¡Cuidado! Para entonces podría ser demasiado tarde. Por siglos, los versículos 11 y 12 han puesto a pensar a muchos que todo aquel que ha sido expuesto al Evangelio y no lo ha creído HOY, que entonces “mañana” tendrá un espíritu engañoso sobre él que le hará más bien creer en el anticristo. Su condenación se cumplió ya. La buena noticia es que HOY todavía hay oportunidad:

2 CORINTIOS 6:2

Porque él dice:

«En el momento oportuno te escuché;

en el día de salvación te ayudé».

Quiero agregar a continuación dos artículos que ofrecen detalles sobre la identidad y sobre “la oposición” a Cristo que hará este personaje diabólico del futuro.  El primer artículo es tomado de las notas de “La Biblia de Las Américas” (LBLA); el segundo, del “Nuevo Diccionario Bíblico Ilustrado” de Editorial Clie.


Anticristo es aquel que se opone y que finge ser Cristo, especialmente por medio del engaño (2 Jo 7; cp. Sal 2:1–3; Mt 24:4–5, 23–24; Jn 5:43; 2 Tes 2:3–4; Ap 13); El término “anticristo” aparece sólo en las cartas de Juan (1 Jo 2:18, 22; 4:3; 2 Jo 7), pero el concepto se encuentra tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento y también en la literatura intertestamentaria. El anticristo del fin de los tiempos recibe el poder de Satanás (Ap 13:2, 4; cp. 2 Tes 2:9). El aparece en el futuro período de la tribulación como un gobernante universal, teniendo el centro de su imperio en una forma restaurada del imperio romano (1 Jo 2:18; Ap 13; 17:7–18; cp. Da 7:23–25). El anticristo surge después que muchos anticristos se han presentado (1 Jo 2:18; cp. 4:3; 2 Tes 2:3, 7–8).

otras expresiones para el anticristo: cuerno pequeño: Da 7:8 • el príncipe que ha de venir: Da 9:26 • el rey obstinado: Da 11:36–45 • la abominación de la desolación: Da 12:11 (cp. Mt 24:15) • el hijo de perdición: 2 Tes 2:3 (cp. Jn 17:12) • el hombre de pecado: 2 Tes 2:3–9 (cp. Da 7:25) • la bestia que sube del mar: Ap 13:1–10 (cp. 11:7); 19:19–21; 20:10

descripción del anticristo: blasfemo: Da 7:8, 11, 20, 25; Ap 13:1, 5, 6 • persigue a los santos: Da 7:21, 25; Ap 13:7, 15 • se opone a Dios y a su Hijo: Da 7:25; 11:36; 2 Tes 2:4; Ap 13:6; 19:19 • se exalta a sí mismo: Da 7:25; 11:36–39; 2 Tes 2:4 • se le concede poder y autoridad: Da 7:25; Ap 13:2, 4–5, 7, 12 (cp. 17:13) • profano: Mt 24:15; 2 Tes 2:4; Ap 13:14–15 (cp. Da 11:31) • inicuo: 2 Tes 2:3, 8 • busca adoración universal: 2 Tes 2:4; Ap 13:4, 12; 19:20 • temporalmente detenido: 2 Tes 2:6–7 • aliado con la segunda bestia (o el falso profeta): Ap 13:11–15; 19:20 (cp. Mt 24:11, 24) • tiene un número que lo identifica: Ap 13:17–18 • hace alianzas políticas: Ap 17:12

reinado del anticristo: duración de su reinado: Da 7:25; 12:7; Ap 11:2; 12:6, 14; 13:5 (cp. 17:10) • universalidad de su reinado: Ap 13:7, 16 • restricciones bajo su reinado: Ap 13:16–17

tipo del anticristo: Antíoco IV Epífanes (174–164 a.C.): Da 8:9–12 (cp. 8:23–25)

señales milagrosas relacionadas con el anticristo: Mt 24:24; 2 Tes 2:9; Ap 13:13–15; 19:20

como manifiesta ser el anticristo: negación del Padre y del Hijo: 1 Jo 2:22 • negación de Jesús como Mesías y de su encarnación: 1 Jo 2:22; 4:3; 2 Jo 7

seguidores del anticristo: 2 Tes 2:10–12; Ap 13:8, 12; 19:20–21; 20:15 (cp. Jn 5:43)

juicio del anticristo: 2 Tes 2:8–9; Ap 17:11; 19:11–21, especialmente vers. 20–21; 20:10 (cp. Is 11:4); Da 7:11, 26; 11:45


Anticristo. Este término es usado solamente por Juan en sus dos primeras epístolas, aunque hay mención de él en otros pasajes de las Escrituras bajo otros nombres. El término significa a la vez que se opone a Cristo y que usurpa Su lugar. Es importante distinguir entre un anticristo y el anticristo. Con respecto a lo primero, «han surgido muchos anticristos»; en cambio, «el anticristo viene» (1 Jn. 2:18). El anticristo final «niega al Padre y al Hijo».

Pablo menciona «el hombre de pecado», que usurpa el lugar de Dios en el templo de Dios, en el futuro escatológico (2 Ts. 2:3–12). Éste viene por obra de Satanás, confederado con él, y obrará señales y maravillas mentirosas con todo engaño de iniquidad para los que se pierden. Los que han rehusado la verdad serán entregados a la mentira de este inicuo. Los judíos apóstatas lo recibirán como su Mesías (Jn. 5:43). Hará que todos adoren la imagen de la Bestia que aparece en Apocalipsis (cap. 13:11–18). Su final será el lago de fuego a la venida del Señor Jesús (Ap. 19:20; 20:10).

En el AT tenemos más detalles de este enemigo y suplantador de Cristo. Es llamado rey (Dn. 11:36–39), exaltándose a sí mismo y hablando cosas maravillosas contra el Dios de los dioses. No hará caso del Dios de sus padres (señalando que será descendiente de Israel, probablemente de la tribu de Dan, cp. Gn. 49:17). Tampoco hará caso del «deseo de las mujeres» (esto es, del Mesías, de quien toda mujer judía anhelaba ser madre). Se exalta a sí mismo sobre todos. Es un idólatra, honrando a un dios que sus padres no conocieron. El profeta Zacarías lo describe como un pastor insensato e inútil, que descuidará el rebaño y se apacentará de él en lugar de apacentarlo (Zac. 11:15–17), en oposición al Señor Jesús, el Buen Pastor.

En distintas épocas se ha identificado muchas veces a personas históricas con el anticristo… Sin embargo, el tenor de las Escrituras es que el anticristo es el pináculo de la apostasía humana contra Dios expresada en un caudillo personal, que se presentará en relación con Israel al final de la dispensación de la gracia. Ciertamente que multitud de individuos e instituciones han participado y participan de su carácter moral en tanto que niegan al Padre y al Hijo, y en tanto que usurpan el lugar de Cristo, se oponen a la verdad y engañan a los hombres.

Bibliografía: Anderson, Sir Robert, El Príncipe que ha de venir (Portavoz Evangélico, Barcelona, 1980); Blackstone, W. E., Jesús viene (Vida, Miami, 1982); Carballosa, E. L., El dictador del futuro (Portavoz Evangélico, Barcelona, 1978) y Daniel y el reino mesiánico (Portavoz Evangélico, Barcelona, 1979); Hamilton, Gavin, El Discurso del Monte Olivete (Clíe, Terrassa, 1974) y Maranatha (Clíe, Terrassa, 1972); Lacueva, Francisco, Escatología II, Curso de Formación Teológica Evangélica, vol. IX (Clíe, Terrassa, 1983); Payton, J. Barton, Encyclopedia of Biblical Prophecy (Harper and Row, New York, 1973); Pentecost, J. Dwight, Eventos del porvenir (Caribe, Maracaibo, 1977); Peters, G. N. H., The Theocratic Kingdom (Kregel, Grand Rapids, reimpresión 1978: primera edición, 1884, 3 vols.); Tan, Paul Lee, The Interpretation of Prophecy (BHM Books, Winona Lake, Ind., 1974); Walvoord, John F., The Millenial Kingdom (Zondervan, Grand Rapids, 1977).