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El Salmo 23 responde a mis necesidades emocionales

No cabe duda que Dios es quien da la final satisfacción a nuestras necesidades emocionales…

Pero también es cierto que Dios puede usarnos para que eso sea real en la vida de nuestros familiares y amigos:

RECONOCIMIENTO:
La necesidad de sentirse respetado, valorado, atendido, que se le presta atención, que para alguien uno es importante.
Lo opuesto es sentirse DESALENTADO.
La respuesta en el Salmo 23: “Dios es mi pastor” (v.1)

EMPATÍA:
Que alguien se identifique con uno, ser confortado.
Lo opuesto es sentirse DESCONSOLADO.
La respuesta en el Salmo 23: “Me das nuevas fuerzas” (v. 3)

DIRECCIÓN:
Tener significado y propósito para la vida diaria.
Lo opuesto es sentirse PERDIDO.
La respuesta en el Salmo 23: “Me guías por el mejor camino” (v. 3)

SEGURIDAD:
Saberse protegido aún por las leyes y los límites, percibiendo estabilidad en ello.
Lo opuesto es sentirse DESPROTEGIDO.
La respuesta en el Salmo 23: “Siempre estás a mi lado” (v. 4)

ANIMO:
Recibir estímulo y aliento, así como ser apoyado en las metas personales.
Lo opuesto es sentirse IGNORADO.
La respuesta en el Salmo 23: “Me llenas de confianza” (v.4)

¿Puedo decir…? “TÚ ME OFRECES UN BANQUETE Y ME LLENAS DE FELICIDAD” (v. 5)

¿Estoy siendo instrumento de Dios para dar “un trato especial” a los demás?

Estoy completamente seguro
de que tu bondad y tu amor
me acompañarán mientras yo viva,
y de que para siempre viviré donde tú vives.

(Referencias tomadas de la versión “Traducción en Lenguaje Actual”)

Enamorado Dispuesto

El enamorado estaba dispuesto, a montones. Una y otra intención, una y otra palabra, una y otra acción, por muchas que parecieran, no le bastaba para destapar su amor. Intentaba cada manera ocurrente para hacerle ver a su hermosísima pretendida que la amaba con un delirio indescriptible.

Dispuesto a hacerla suya, encontró manera para ofrecerle a ella que sus afanes y desequilibrios quedarían desvanecidos, cual el bello nacarado ajuar, inarrugable e incólume, que sería lucido en el altar. Quedaba claro que aquel enamorado, con vigorosa disposición, pretendía declamar insistentemente sobre la belleza, la capacidad, y la especial compañía de aquella que sería suya para siempre.

–“No tengo ataduras” –confesó. “Estoy libre para compartir una eternidad contigo. ¿Quieres?”

Es esa clase de fusión donde los sentimientos y los pensamientos quizás intentan estar de acuerdo para aplaudir juntos las ganas de gritar… ¡Sí!

En realidad, cada uno de nosotros, cual aquella que responde al amor, querrá responder a un amor supremo, a uno realmente inigualable. Dispuesto a declamarte su mejor poema, el Supremo Enamorado encontró la manera de expresarlo: “Dios amó tanto a la gente de este mundo, que me entregó a mí, que soy su único Hijo, para que todo el que crea en mí no muera, sino que tenga vida eterna.” Hay un libro que solo trata del amor, y que ha incluido ese poema. Es “El libro de la buenas noticias, según las cuenta San Juan”, en el capítulo tres, versículo dieciséis.

Hoy, ese Enamorado Dispuesto, que ha demostrado con su vida, muerte y resurrección, que te ama tanto, ofrece una eternidad de amor a su lado. Lo hace porque Él hizo posible que tus afanes, desequilibrios, errores y debilidades, fueran perdonados todos. Mediante la fe en Él, te ofrece una vida para aprender a disfrutar de Su amor. Cree que Jesús por amor a ti vivió, murió y resucitó para perdonarte, y vivirás eternamente.

Basado en Efesios 5:25-30, en ocasión de la boda de Soad y Mario.