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Capitol Ministries en Honduras

Por más de 20 años, CAPITOL MINISTRIES ha estado enseñando La Biblia mediante estudios bíblicos de evangelismo y discipulado a servidores públicos de 70 parlamentos y gabinetes gubernamentales alrededor del mundo.

Capitol Ministries:
Ralph Drollinger, Presidente Fundador
Brian Hanson, Director de Ministerios Internacionales
Óscar Zamora, Director Regional Latinoamérica
Miguel Muñoz Valeriano, Director Nacional Honduras

Recompensas 201

honra
Cuando Él nos honra, nosotros le damos gloria

Una recompensa para el verdadero discípulo:
El Padre le honrará.

“Si alguno me sirve, sígame; y donde yo estuviere, allí también estará mi servidor. Si alguno me sirviere, mi Padre le honrará.”
Juan 12:26

¡Qué mejor satisfacción, qué mejor promesa, qué mejor recompensa, que saber que hemos sido aceptados en el servicio al Rey de Reyes y Señor de Señores! Si Él nos honra, ¿qué mayor gozo habrá sino reconocer que toda, absolutamente toda, la gloria es para Él?

Las recompensas para un discípulo de Jesús

He abarcado hasta ahora siete condiciones para el verdadero discipulado, las cuales según Guillermo MacDonald son “claras e inequívocas”, pues son una enseñanza directa a nuestra vida personal. Se trata de lo que la Biblia me dice a mí. Se trata de lo que Jesucristo me condiciona a mí. Soy responsable de atender ese llamado. Debo ser humilde en reconocer Su dirección hacia mí. Entonces, sometiéndome de esa manera al Señorío de Cristo sobre mi vida, es que entiendo que Dios me recompensará. ¡Son Sus promesas!

Si vamos en pos de Cristo:

  • Él nos hará pescadores de hombres. (Mateo. 4:19, Marcos 1:17)
  • Seremos dignos de Él. (Mateo 10:38)
  • Él mismo nos reconocerá como Sus discípulos. (Compare con Lucas 14:27)

Discipulado 107

Sigamos juntos a Jesucristo

7ª Condición: Seguir decididamente a Jesucristo.

“Entonces Jesús dijo a sus discípulos:
Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo,
tome su cruz
Y SÍGAME.”
Mateo 16:24

¿Cuál fue la principal característica de la vida del Señor Jesucristo? Fue una vida de obediencia a la voluntad de Dios. Fue una vida llena de celo, mansedumbre, bondad, fidelidad y devoción. Los seguidores de Jesucristo debemos mostrar el fruto de nuestra semejanza con Él. Afirmar que “yo soy un discípulo de Jesucristo” debería acompañarse de una auto-evaluación con respecto a cómo Él anduvo (1 Jn 2:6).

En 1 Juan observamos lo que prueba la autenticidad de nuestra relación con Cristo:

  • 2:3-6 La meta de un discípulo es conocer muy bien a su maestro. La prueba de que lo ha logrado es cuánto le obedece e imita.
  • 3:21-22 Lo que pidamos lo recibimos de Él, como resultado de hacer lo que le agrada. Esto reafirma la seguridad de que Dios honra a los discípulos fieles.
  • 3:24 Guardando sus mandamientos evidenciamos nuestra permanencia en Él.
    5:3 Amar a Dios consiste en guardar sus mandamientos.

Si vamos en pos de Cristo:

  • Él nos hará pescadores de hombres. (Mt. 4:19, Mr. 1:17)
  • Seremos dignos de Él. (Mt. 10:38)
  • Seremos Sus discípulos. (Lc. 14:27)

Un seguidor de Jesucristo ha de tener mucho que modelar: paz, seguridad, paciencia, compasión, alegría, satisfacción… ¿Por qué muchas veces no reflejamos esas virtudes, si se supone que Cristo las está forjando en cada uno de sus discípulos? ¿Qué tres cosas prácticas y evidentes podemos o debemos hacer para que nuestros familiares y amigos consideren que vale la pena seguir a Jesús?

Discipulado 106

6ª Condición:  Tomar la cruz.

“Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, TOME SU CRUZ…” Mateo 16:24 “El que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo.” Lucas 14:27

Escoger la cruz no se refiere a una dolencia física o a una angustia emocional, puesto que estas cosas son comunes a todos los hombres. Mas bien es un estilo de vida escogido deliberadamente. Es un camino que muchos podrían considerarlo como deshonroso y reprochable. Escoger tomar la cruz, por lo tanto, se trata de soportar diariamente la reacciones de incomprensión que alguien pudiera tener hacia aquel que pretende ser un verdadero discípulo de Jesús. La cruz es el emblema del rechazo y de la intolerancia que los religiosos colocaron sobre el Hijo de Dios. La sociedad que rechaza a Dios posiblemente también colocará ese emblema sobre aquellos que escojan ir en conformidad con los principios bíblicos. Cualquier creyente puede evitar la cruz conformándose a una vida egocéntrica.  En cambio, el discípulo tomará y llevará su cruz, para honrar a su Maestro y para servir a la humanidad.La cultura postmodernista promueve la “tolerancia”.  El cristianismo, en cambio, debe promoverla si la muestra como “paciencia”.  Debemos ser pacientes cuando nos rechazan, y de igual manera debemos ser pacientes cuando alguien no nos acepta.  Llevar la cruz implica perseverancia en medio de la apatía, pero esta perseverancia siempre debe ir acompañada de virtud.  ¿De qué manera podemos llevar la cruz, como muestra de nuestro amor a Cristo, en medio del rechazo o del menosprecio de otros?  ¿Cuáles sería los ejemplos de perseverancia virtuosa que tú seguirías?

Discipulado 105

oreja horadada
Al “esclavo de amor” le horadaban la oreja contra el marco de la puerta de la casa de su amo

5ª Condición: Negarse a uno mismo.

“Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, NIÉGUESE A SÍ MISMO…”
Mateo 16:24

La negación del yo no es lo mismo que la abnegación personal. Esto último significa “Sacrificio que alguien hace de su voluntad, de sus afectos o de sus intereses, generalmente por motivos religiosos o por altruismo.” (Diccionario de la Lengua Española). Se aplica incluso al hecho de privarse de algunas comidas, placeres o posesiones. La negación del yo, sin embargo, es una sumisión tan completa al Señorío de Cristo, que “el yo” escoge quedarse sin derechos ni autoridad alguna. Significa que el yo abdica al trono… y Jesucristo ocupa su lugar. Cedemos, de esa manera, a nuestra voluntad, y damos paso a la de Él. Fue así como un amigo pastor, en uno de los momentos más difíciles de su vida, reconoció que “la voluntad de Dios y mi felicidad son una misma cosa”.

Nótese cuantas veces aparece en el N. T. la declaración “El que pierde su vida por causa de mí, la hallará.”: Mt. 10:39, 16:25; Mr. 8:35; Lc. 9:24, 17:33; Jn. 12:25. Sin lugar a dudas que una vida guardada para sí es una vida perdida. Entregarla por Cristo, sin embargo, es encontrarla, gozarla, y guardarla para la eternidad. Ser un cristiano mediocre solamente asegura una existencia miserable. Estar enteramente consagrado a Cristo es el camino más seguro para llegar a gozar de lo mejor de Él. Ser un verdadero discípulo es ser un esclavo de Jesucristo y encontrar en su servicio perfecta libertad. Hay libertad en los pasos de todo aquel que se convierte en Su “esclavo de amor”. (Compara la foto con lo que dice Exodo 21:5-6 y Deuteronomio 15:16-17)

Es saludable hacer notar que con una exigencia tan alta como la de esta condición, el Señor honra y respeta nuestra voluntad y decisión: “Si alguno QUIERE…” Este es el espíritu de la libertad en Cristo. ¿Quieres tú ser discípulo de Jesucristo? Pues considera el precio a pagar y decide “si quieres”. El Señor Jesús nunca trató de engañar a los hombres para que hicieran una profesión de fe de labios. Tampoco, en su humildad como Dios-Hombre, trató de conseguir una gran cantidad de seguidores predicando un mensaje popular. En realidad, cuando vio que la gente empezó a acumularse en pos de Él, se volvió y les hizo pasar por el cedazo presentándoles las condiciones más duras para seguirlo.

Pensemos, ¿qué o quién nos puede impulsar a negarnos a nosotros mismos para dar prioridad a Jesucristo? ¿qué iniciativas has tomado tú en el pasado y que te han motivado a dar un lugar preferente a las cosas de Dios?

Discipulado 104

compartiendo
Ser desprendido también consiste en compartir nuestras posesiones con otros en necesidad

4ª Condición: Desprenderse de las cosas materiales.

“… cualquiera de vosotros que no renuncie a todas sus posesiones,
no puede ser mi discípulo.”
Lucas 14:33

Esta, la cuarta, es tal vez la menos apreciada de las condiciones de Cristo para el discipulado, y se podría decir que tal vez es uno de los textos menos apreciados de la Biblia. Se pueden dar mil razones para probar que el versículo no quiere decir lo que parece decir, pero los discípulos honestos lo reciben con ardor, aceptando que el Señor Jesús sabía lo que quería decir. ¿Qué quiso decir con renunciar a todo? Significa el abandono de todas las posesiones materiales que no pueden ser usadas para el beneficio del Evangelio, o que pueden ser obstáculos para el Evangelio. Es mejor deshacerse de ellas e invertir en cosas de mejor o mayor beneficio.

El que renuncia a todo no se convierte en un despreocupado haragán. Trabaja arduamente para proveer a las necesidades comunes de su familia y de sí mismo. Pero, como vive para esparcir el Evangelio, invierte en la obra del Señor lo que sobrepase sus necesidades. Deja el futuro en las manos de Dios, por eso está dispuesto a sacrificar sus propias necesidades personales si hay una demanda apremiante. El no puede poner su confianza en dinero ahorrado sin propósito cuando hay almas que están pereciendo por falta del Evangelio. El que renuncia a todo también lo hace porque reconoce que compartir con los necesitados también es una virtud. De esa manera prefiere obedecer el precepto del Señor en favor de acumular riquezas en el cielo, en lugar de malgastar su vida acumulando riquezas terrenales infructíferas, más aun cuando sabe que Cristo regresará pronto.

Wesley dijo: “Hacerse tesoros en la tierra está tan claramente prohibido por nuestro Señor como el adulterio y el asesinato.” Cada uno de nosotros es responsable ante Dios por lo que significa dejarlo todo. Un creyente no puede dictar normas para el otro; cada persona debe actuar como resultado de su propio ejercicio delante de Dios. Es un asunto estrictamente personal. Si como resultado de tal ejercicio, el Señor guía al creyente a un grado de devoción hasta el momento no experimentado, no debe ser ello motivo de orgullo personal. Los sacrificios que hagamos no son en ninguna manera sacrificios cuando los exponemos a la luz del Calvario. Además de esto, damos al Señor solamente aquello que ya no podemos amar. “No es necio quien da aquello que ya no puede retener para obtener algo que no puede perder.” (Jim Elliot, el misionero que junto a otros cuatro murió martirizado por los Aucas, pero quienes tiempo después se convirtieron al cristianismo por el testimonio de la misma familia Elliot.)

Para ti, amigo o amiga, ¿qué ha implicado renunciar a todo?