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Laicidad y Laicismo, y la enseñanza de valores comunes desde La Biblia en las escuelas del sistema nacional

La LAICIDAD es una condición. El Estado es laico a partir de la condición que le impone tanto la Declaración Universal de Derechos Humanos como la Constitución de la República, para que respete la libertad de pensamiento, conciencia y de religión, así también la libertad de opinión y expresión.  Estos derechos deben respetarse en lo privado y en lo público, en lo personal y en lo colectivo.  El Estado, por su condición y esencia de laico, debe respetar por igual esos derechos y permitir esas libertades a todo ciudadano de cualquier confesión, sea funcionario o no, con la única exigencia que hace el artículo 29 de dicha Carta Universal: “…nuestros derechos y libertades solamente son limitados por la ley para reconocer y respetar los derechos y libertades de los demás, para satisfacer la moral, el orden y el bienestar común.” La laicidad respeta la libertad de religión.

El LAICISMO es una actitud.  Cuando se dice que la sociedad en general, o cualquiera de sus instituciones o individuos en particular, debería excluir toda espiritualidad del asocio humano, está distorsionando la condición de laicidad que por sí misma no es atea ni promueve el ateísmo. El movimiento del laicismo busca “separar” la espiritualidad del asocio político, social, académico y hasta deportivo para circunscribirlo al ámbito de lo privado o de un culto dentro “de cuatro paredes”, cuando nuestro fundador, nuestro Dios y Señor Jesucristo, nos definió como sal para la tierra; como luz para el mundo.  El laicismo actual es en esencia una actitud adversa hacia la espiritualidad mayoritaria y más influyente de nuestro país: mínimo 86% de la población se confiesa cristiana. Hoy en día, es posible que algunos se adhieran al laicismo por el hecho de identificarse con un trasfondo filosófico o una escala de valores distinta y contraria al Cristianismo bíblico. Siendo así, el laicismo no respeta la libertad de culto; tampoco la espiritualidad del Cristianismo.

La disposición de las Iglesias Evangélicas de apoyar la reciente moción legislativa (presentada por primera vez en el año 2000) que pretende la enseñanza de valores espirituales, morales, cívicos y otros desde la perspectiva bíblica para ayudar al sistema educativo nacional, no infringe la condición de laicidad del estado ni de la educación bajo el estado.  No lo hace, en primer lugar, porque tal enseñanza sería electiva, respetando el derecho preferente de los padres de familia para escoger el tipo de educación para sus hijos, y respetando el derecho de los mismos maestros a su libertad de conciencia.  En segundo lugar, no infringe la condición de laicidad porque no pretende enseñar doctrina, hacer proselitismo, ni mucho menos “condenar” ninguna otra religión. La escuela seguirá siendo la escuela; la iglesia seguirá siendo la iglesia. Un tercer lugar, no menos importante que los previos porque resume el espíritu de esta iniciativa, decimos que no hay infracción cuando se trata de contribuir a la prevención de violencia en las escuelas, y en su lugar inculcar una cultura de paz.  Se trata de educar, edificar, instruir al niño en el camino que lo llevará hacia una ciudadanía respetuosa ante Dios y la patria, honesta, diligente, servicial, protectora del medio ambiente y amorosa con el prójimo.

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La Biblia como fuente para la Declaración Universal de Derechos Humanos

Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; este derecho incluye la libertad de cambiar de religión o de creencia, así como la libertad de manifestar su religión o su creencia, individual y colectivamente, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia.

En el “Día De Los Derechos Humanos” invoco el Artículo 18 para manifestar que no encuentro en la Biblia choque con estos 30 artículos de la Declaración.  En general, estos artículos no contradicen principios fundamentales en las Sagradas Escrituras; y en particular, al menos 19 de ellos tienen fuerte sintonía con valores distintivos de la Justicia y el Derecho que se declaran en el Pentateuco, los Profetas, el Sermón del Monte y las Epístolas, entre otros.  Como cristiano, aprendiz de la Palabra de Dios, considero que hay una base teológica suficientemente demandante para velar por que se respeten estos treinta artículos contenidos en la Declaración Universal de Derechos Humanos, proclamados el 10 de diciembre de 1948 en la Asamblea General de las Naciones Unidas.

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Una niñez protegida, promotora de una sociedad más justa y segura

Stephens, invitado especial a la socialización que realizó World Vision Honduras de su Diagnóstico a los Sistemas de Protección Infantil, hace un resumen del mismo desde la mirada de un niño de 10 años, con fe en una vida integralmente mejor para la niñez y juventud.

Hace dos semanas, el día que retornó al país, un niño migrante no acompañado fue muy enfático al decirnos: “Ya he estado en muchos lugares donde no me han ayudado, así que si van a llevarme a un centro juvenil, que sea uno donde van a enseñarme a ser alguien en la vida. Si no me enseñan algo, volveré a migrar.”

El Estado de Honduras, a través de la nueva Dirección para la Niñez, Adolescencia y Familia (DINAF) es el responsable de los sistemas formales de protección infantil.  Los ciudadanos de Honduras, a través de nuestro propio hogar, vecindario, iglesias, centros de trabajo y más, somos responsables de contribuir a los sistemas de protección de la niñez y juventud que nos encaminen a todos a ser parte de una sociedad más justa y segura.  Tal como lo reclama el niño migrante, y también lo menciona Stephen (en el video adjunto), la educación integral es un pilar fundamental para esto.

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