El día que reconocí la confiabilidad de la Biblia

By | Septiembre 20, 2006

Él sabía que yo andaba muy feliz ayer, todo el día! Regresé tarde a casa, un poco más tarde de lo usual. Pero él había dejado una orden muy clara: “Mami, si cuando papá regrese ya estoy dormido, por favor me despiertas, que quiero entregarle el dibujo que le hice.” Ese dibujo se inspira en la decisión más importante que he tomado en mi vida. ¡Y por eso celebro!

Apenas tenía un poco más de la edad que Jaime tiene hoy cuando comencé a inquietarme mucho por la religión. A los 10 años ya había construido un altar personal, pero a los doce ya había presentado una ofrenda en un santuario oriental. Desde entonces comencé a practicar el yoga y la meditación trascendental, así como a involucrarme con varios grupos místicos. Ese temprano caminar me llevó a dudar de la veracidad de la Biblia, de la confiabilidad que podemos tener en las copias o versiones actuales de Las Sagradas Escrituras. No pretendo narrar toda la historia aquí, sino aprovechar para dar explicación… de mi motivo de celebración…

Una tarde, viajando desde la capital a mi ciudad, reconocí a una chica de origen judío que venía en el mismo autobús. Pero algo me llamó la atención: ¡Llevaba en sus manos una Biblia! Así que muy altivo le pregunté si me permitía viajar sentado a su lado, tramando incomodarla con mi opinión sobre Las Escrituras. Por supuesto que al hacerlo también doblaba mi brazo sobre mi pecho para que se notara el título de mi libro: Las profecías de la gran pirámide de Egipto.

Acortando la historia: La chica recién convertida al cristianismo, e igualmente recién estudiando “Evidencia que exige un veredicto” (Josh McDowell), supo paciente y sabiamente rebatir todas mis ideas anti-bíblicas. Después de cuatro horas de viaje oré algo así como esto: “Señor Jesús, ahora creo que la Biblia es Tu Palabra Fidedigna, que Tú eres Dios, que moriste en la cruz por amor a mí, y que resucitaste dejando satisfecha la justicia del Padre… reconozco que soy pecador y que es a Ti a quien he ofendido y menospreciado, pero ahora creo y acepto tu perdón, gracias por hacer hoy de mí un hijo de Dios.” Esa misma noche comencé a estudiar La Palabra, y La Palabra continúa influenciando mi vida. De eso hace ya 26 años (¡Gloria a Dios!), pero lo celebraré por la eternidad. “Señor Jesús, mi compromiso es contigo, con Tu iglesia, con Tu causa, con Tu Palabra.”

“Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios.” (Juan 1.12)

Escribe tu pensamiento aquí: