Discipulado 103

By | Septiembre 22, 2006

¡Hermandad!

3ª Condición: Amar fervientemente a la familia espiritual

“En esto conocerán todos que sois mis discípulos,
si tuviereis amor los unos con los otros.”
Juan 13:35

Una condición de esta naturaleza pretende que constantemente nos interesamos en el bienestar de los demás, demostrándolo de manera práctica. Este es el amor que considera a los demás como mejores que uno mismo. Este es el amor que cubre multitud de fallas. Este es el amor que tiene paciencia y es amable; que no es envidioso, ni se cree más que nadie, no es orgulloso, no es grosero ni egoísta, no se enoja por cualquier cosa, no se pasa la vida recordando lo malo que otros le han hecho. No aplaude a los malvados, sino a los que hablan con la verdad. El que ama con este amor es capaz de aguantarlo todo, de creerlo todo, de esperarlo todo, de soportarlo todo. Sin esta condición, el discipulado sería una disciplina fría y legalista. Sería címbalo que retiñe.

Los creyentes somos el cuerpo de Cristo. Ninguno de nosotros, en perfecta salud mental y emocional, busca destruir su propio cuerpo, sino que busca más bien cuidarlo. Al tener conciencia que debemos cuidarnos los unos de los otros aprendemos a respetar, honrar, amar y servir a los demás. Al hacerlo realmente lo estamos haciendo a Cristo.

Cuando una persona se convierte, entendiendo de lo que Cristo lo ha librado, responde de manera natura con amor. Jesús mismo dijo “Al que más se le perdona, más ama” (Lc 7:41-43). La primera carta de Juan habla de al menos tres pruebas de la salvación de una persona. Una de estas es la que llamamos “la prueba del amor”…

  • 2:9,11 Si alguien odia a su hermano es porque sigue en la oscuridad.
  • 2:10 El que ama de verdad no anda malintencionado con el otro.
  • 3:10 El que no ama a su hermano no es hijo de Dios.
  • 3:14 El que no ama a su hermano no ha pasado de muerte a vida.
  • 4:7 Todo aquel que ama es nacido de Dios y conoce a Dios.
  • 4:8 El que no ama, no conoce a Dios.
  • 4:11 Ya que Dios nos ha amado… así también nosotros debemos amarnos.
  • 4:12 Si nos amamos, el amor de Dios se perfecciona en nosotros.
  • 4:20 El que no ama a su hermano, no puede amar a Dios.
  • 4:21 Quien ama a Dios, ame también a su hermano.
  • 5:2 Nos amamos cuando amamos a Dios y cumplimos sus mandamientos.

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